Pensar es más interesante que saber, pero menos interesante que mirar.
Johann Wolfgang Goethe

miércoles, 5 de enero de 2011

Menos consumo, más felicidad | El Economista

Menos consumo, más felicidad | El Economista
Rubén Aguilar Valenzuela

Hay una tendencia mundial ente un sector de jóvenes de sectores medios altos de países desarrollados y en vías de desarrollo de consumir menos y vivir de manera más sencilla como parte de la búsqueda de su felicidad.

De acuerdo con esta visión, el vivir con altos niveles de consumo y comprar bienes de lujo obliga a ser presa de un ciclo interminable de siempre querer más y tratar de estar por encima de los otros.

La cultura occidental, ahora también la asiática, programa a sus miembros para pensar que la felicidad sólo es posible si se obtiene la ropa de moda, el último equipo electrónico o se cambia el carro cada tanto tiempo.

Un estudio publicado en la revista Psychological Sicence del mes de junio revela que en las personas existe una real contradicción entre la búsqueda de la riqueza y la capacidad de “saborear” las experiencias positivas de la vida.

Investigaciones de la Universidad de California indican que cuando se gasta el dinero en la búsqueda da una experiencia (ir al teatro, tomar clases, ir de vacaciones…) se produce una satisfacción mayor y más duradera que con sólo comprar y tener cosas.

Revelan también que, a diferencia del consumo de bienes materiales, los que buscan el goce de experiencias otorga una felicidad más perdurable porque permanecen en la memoria y pueden ser socializadas.

Los jóvenes que se inscriben en esta nueva tendencia cultural encabezan un movimiento de “regreso a lo básico” como forma de vida que implica dar una nueva importancia a la familia, el hogar y las experiencias vitales.

Estos jóvenes también tienen claro que el lujo y el estatus social no les proporcionan felicidad, pero sí lo hace el “placer” de vivir de manera más sencilla y austera. Proponen, pero sobre todo, viven un estilo de vida que no exige del tener y da lugar al ser.

A esta nueva tendencia algunos estudiosos la ubican como una reacción a la crisis económica y piensan que puede resultar pasajera, pero otros la ven como una nueva forma y estilo de vida que llegó para quedarse.

Los que lo han adoptado no lo propone como una acción contestataria, a la manera de los hippies de los 60, sino como una nueva alternativa de vida que implica una decisión de carácter estrictamente personal.

Quien está a la vanguardia de los estudios sobre consumo y felicidad es el Departamento de Psicología de la Universidad de Columbia Británica en Canadá, y hasta hace muy poco, su trabajo se centraba sólo en la relación entre ingreso y felicidad.

En la última década, han ganado camino los estudios relacionados con la felicidad y la manera de utilizar el ingreso. Las investigaciones más recientes detallan que hay una relación directa entre felicidad y la satisfacción de las necesidades básicas y no las que implican lujo.