Pensar es más interesante que saber, pero menos interesante que mirar.
Johann Wolfgang Goethe

domingo, 24 de abril de 2011

El beato y los abusadores sexuales - Jorge Ramos

Jorge Ramos Ávalos
24 Abr. 11


La beatificación del fallecido Papa Juan Pablo Segundo este 1o. de mayo es una clara señal de que la iglesia católica no ha entendido (o ha querido ignorar) la gravedad de los abusos sexuales de sacerdotes en contra de menores de edad en todo el mundo. Beatificar a Juan Pablo Segundo es descalificar y minimizar a las víctimas de sacerdotes pederastas durante el pasado pontificado.

La beatificación de Karol Wojtyla se dio muy rápidamente y sin una investigación a fondo; apenas seis años después de su muerte y luego que la monja francesa Marie Simon Pierre asegurara que se curó inexplicablemente del mal del Parkinson tras rezarle al Papa anterior.

Es totalmente arbitrario atribuirle un milagro a Juan Pablo Segundo tras su muerte y sin ninguna prueba científica que demuestre su intervención directa en la curación de la monja. Eso es tan absurdo como achacarle el supuesto milagro a Pelé o a Elvis Presley.

Creer en milagros y otras invenciones es una cuestión de fe. Pero lo grave es que la iglesia católica quiera convertir en beato (y luego en santo) a un hombre de carne y hueso que fue líder del Vaticano durante uno de los peores escándalos sexuales y de violación a los derechos humanos de cualquier pontificado.

No estamos hablando de una o dos víctimas. Estamos hablando de miles de víctimas en todo el mundo. Esto significa que dentro del Vaticano hubo una sistemática política que ignoró, encubrió y protegió a sacerdotes criminales y que rechazó, estigmatizó y culpó a sus víctimas sexuales, en su mayoría niños y menores de edad.

El argumento de que Karol Wojtyla no se enteró de nada es indefendible. Es imposible creer que durante su papado, de 1978 a 2005, fue ajeno a las múltiples acusaciones contra sus sacerdotes. Aquí hay varios ejemplos.

El Papa Juan Pablo Segundo tuvo como protegido al criminal Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. Los abusos sexuales y violaciones cometidas por Maciel están documentados y obligaron al actual Papa, Benedicto XVI, a separarlo de cualquier función oficial. El verdadero lugar de Maciel era la cárcel. Pero Juan Pablo Segundo lo prefirió a él que a sus víctimas y nunca, siquiera, lo reprendió.

He escuchado el argumento que la beatificación de Juan Pablo Segundo va más allá del caso Maciel. ¿Pero por qué? ¿Acaso el Papa no protegió a un criminal violador?

Que Juan Pablo Segundo haya contribuido a la caída de los regímenes comunistas en Europa del este, que buscara un acercamiento con el judaísmo y los musulmanes, y que haya viajado por casi todo el planeta no lo exonera por proteger y encubrir a abusadores sexuales de menores de edad. Si el Papa no sabía de estos abusos, como sugieren muchos de sus defensores, fue entonces un líder negligente y apático que no cumplió con sus responsabilidades de vigilar y cuidar a los más débiles. Y si lo sabía, fue entonces un cómplice de sus crímenes.

Hay tantos casos que resulta impensable que Juan Pablo Segundo no haya sido notificado. ¿No se enteró de los 413 niños que fueron maltratados física y sexualmente en 26 escuelas y reformatorios católicos en Irlanda? (Pueden leer el reporte en www. childabusecommission.com)

¿Tampoco se enteró que el sacerdote norteamericano Lawrence Murphy había sido acusado de molestar sexualmente a unos 200 niños sordos? La investigación completa fue publicada por The New York Times (para verla http://nyti.ms/cz2uJ6). A pesar de eso, Murphy fue transferido de diócesis y murió muy lejos de una prisión.

La arquidiócesis de Los Angeles ha pagado al menos 660 millones de dólares para cerrar 508 casos de abuso sexual de sus sacerdotes. ¿Nunca supo nada de esto Juan Pablo Segundo?

Más que beato, Juan Pablo Segundo debería ser nombrado el Papa peor informado de la historia. No es posible que todo esto haya ocurrido durante su papado y él no se haya enterado. La negligencia de su papado frente a las víctimas de abuso sexual es vergonzosa.

Sólo por respeto a las miles de víctimas de abuso sexual, el actual Papa Joseph Ratzinger y el Vaticano deberían haber detenido la beatificación de Juan Pablo Segundo. Pero lo más grave de todo es que era responsabilidad del mismo Ratzinger -quien estuvo a cargo de la Congregación de la Doctrina de la Fe de 1981 al 2005- el investigar los casos de maltrato sexual y violaciones que llegaron al Vaticano durante el papado de Wojtyla.

Culpar a Juan Pablo Segundo sería, entonces, reconocer su propia incompetencia y corresponsabilidad en esos crímenes. Eso no lo va a hacer Benedicto XVI. Y ahora, en cambio, beatifica a su antiguo jefe.

Éste es, pues, el típico caso en que una sotana protege a la otra.


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