Reflexiones sobre los pasos y pensamientos que acompañan la vida, el quehacer, los sueños.
Pensar es más interesante que saber, pero menos interesante que mirar.
Johann Wolfgang Goethe
Johann Wolfgang Goethe
martes, 11 de enero de 2011
Carta de Amor - Denise Dresser
Lunes 10 de enero de 2011
Carta de amor
Días de cinismo. Días de desasosiego. Días de desconsuelo. Días de sentir, como lo escribiera Shakespeare en Enrique VI, que sopla un mal viento que a nadie beneficia. Así se siente vivir en México a principios del 2011. Así se siente contemplar la violencia y a los violentos, los asesinatos y a los asesinados, el resurgimiento del PRI y al encopetado que lo encabeza. La atmósfera prevaleciente es escéptica, dura, socarrona o incluso resignada. Y usted, lector o lectora, se preguntará si tiene algún sentido hablar desde ese músculo terco que es el corazón y mantener la esperanza cuando muchos han intercambiado el optimismo por la amargura, el ánimo por la desesperación, la fe por el pesado fardo de la desesperanza. Parecería que una densa neblina de miedo e incertidumbre se ha posado sobre el país y hace difícil distinguir el blanco del negro, el bien del mal, lo correcto de aquello que no lo es.
Y de allí la importancia, advertida por Boris Pasternak, de retomar nuestros deberes ante el infortunio: creer y actuar. De reflexionar aunque solo sea un momento en las siguientes preguntas: ¿Cuáles son las palabras que capturan sus creencias más fundamentales? ¿Puede nombrar un principio que guía su vida? ¿Cuál es la verdad descubierta que lo sigue alentando? Si se preguntara "¿en qué creo?", ¿cuál sería su respuesta? Planteo estas interrogantes con la idea -como lo hizo National Public Radio en Estados Unidos- de reunir ideas para escribir una especie de himno nacional, una celebración de la multiplicidad, una cartografía de nuestras convicciones colectivas, una carta de amor al país que llevamos debajo de la piel. Una forma de trascender lo que nos divide para recolectar aquello que nos une a pesar de las preferencias políticas, los prejuicios, el género, la edad, el camino andado.
Se trata de decir yo creo en México. Creo en la poesía de Efraín Huerta. En los hombres del alba y las mil voces descompuestas por el frío y el hambre. Creo en el país bello como camelia y triste como lágrima. En la ronca miseria y la gris melancolía. Amplio, rojizo, cariñoso, país mío. Lugar de ríos y lagos y campos enfermos de amapolas y montañas erizadas de espinas. Yo pienso en el futuro nuestro, en la espiga, en el grano de trigo, en el ancho corazón mexicano de piedra y aire.
Mi gran país, un criadero de claras fortalezas. La valentía de Carmen Aristegui. El compromiso de Lydia Cacho. La memoria de Germán Dehesa. La buena huella de Carlos Monsiváis. La inteligencia de Lorenzo Meyer. El tesón de Sergio Aguayo. La generosidad de Consuelo Sáizar. La amistad de Rossana Fuentes Berain. La visión de Manuel Arango. El compromiso de Marta Lamas. País duradero entre penas y esperanzas carcomidas, gracias a esos mexicanos de alto cielo con vida que nos dan luz y sustento. Mexicanos que son acero y alma y alimento diario.
Yo creo en el patriotismo, en la justicia social, en la creatividad, en la participación, en el servicio, en los derechos individuales, en lo que mira más allá de las fronteras de los hombres varados, cínicos, fríos, con ojos de tezontle y granito. Yo creo en el amplio país donde caben los homosexuales y los católicos y las madres solteras y los rezos privados y la laicidad pública y los que creen en Dios y los que dudan de su existencia. A ratos, triste país donde la cobardía y el crimen son pan diario y a pesar de eso lo quiero. México negro, colérico, cruel y a las vez tibio, dulce, valiente porque en sus calles viven hombres y mujeres de buena voluntad.
Yo creo en México. En el país de rosas o geranio, claveles o palomas, manos o pies, panistas o perredistas, derechas o izquierdas, saludos de victoria o puños retadores. Porque el Corán enseña que Dios nos creó de una pareja única y nos moldeó en naciones y tribus para que pudiéramos conocernos, no para que pudiéramos odiarnos. Porque debajo de los ojos de fuego y los chorros de insultos y la brutal tarea de pisar mariposas y sombras y cadáveres, hay lo que nos pertenece. Lo que vierte alegría y hace florecer júbilos. Las limpias decisiones de tantos mexicanos que saltan, paralizando el ruido mediocre de las calles, dando voces de alerta. De esperanza. De progreso. Voces para pelear contra el miedo, contra la corrupción, contra la impunidad, contra el abuso, contra el ejercicio arbitrario del poder, contra el río de fatigas.
Te declaro mi amor, magnífico país. Ojalá otros, muchos, lo hagan también. Lancen al aire o plasmen en una hoja de papel o envíen a denise.dresser@mexicanista.com aquello que aprecian de México. Esta patria, vidrio molido, patria navaja, patria rabiosa, patria melancólica, patria abandonada. Pero patria al fin. A ti te mando un corazón derretido, un torpe arrebato de ternura, una lámpara tenue frente a mis ojos, unas ganas inefables de seguir luchando afanosamente para que el alba sea alba y México pueda ser lo que me imagino. Porque como dice mi amiga la chef Martha Ortiz Chapa, y lo repito todos los días al usar las palabras como espada desenvainada: siempre me gustó ser mexicana; siempre me gustó ser mexicana.
lunes, 10 de enero de 2011
¿Quién es Julian Assange, el creador de Wikileaks?
AFP / Julian Assange, creador de Wikileaks
Por: RCN La Radio
Julian Assange es el creador del portal de Internet Wikileaks, encargado de sacar a la luz pública documentos confidenciales relacionados con la inteligencia militar de Estados Unidos y de otros países armamentistas.
Tiene 39 años, es australiano, se llama Julian Assange y es el fundador de Wikileaks, un sitio de internet con el que tiene en jaque a Estados Unidos: allí están a la luz pública sus más valiosos secretos de las guerras de Irak y Afganistán. Además, el pasado domingo 28 de noviembre en su site se comenzaron a publicar los cables diplomáticos emitidos por la embajada de E.U. (más información aquí). Todos los medios del planeta hablan de Assange, pero, ¿quién es en realidad el ahora más influyente periodista del mundo?, ¿no le da susto semejante reto?, ¿dónde duerme?, ¿por qué lo hace? La Revista GENTE Colombia se los cuenta en este perfil (artículo publicado en la edición de noviembre de 2010, en circulación)
El 12 de julio del 2007 durante una mañana soleada, un helicóptero norteamericano abrió fuego contra unas personas que caminaban tranquilas por una céntrica calle de Bagdad. El piloto se reía mientras relataba a través del radio su hazaña: “¡Vaya. Les di! Ja ja ja”. En ese ataque murieron 18 civiles, dos de ellos empleados de la agencia de noticias Reuters, y fueron gravemente heridos dos niños. Ciudadanos que trataron de auxiliar a los heridos también fueron acribillados con balas de 30 milímetros disparadas desde la nave. El alto mando estadounidense ocultó esta matanza hasta que Julian Assange la reveló en el sitio de internet Wikileaks.
Assange es el activista de moda en el mundo. Sus hazañas son monumentales: volteó el curso de las elecciones en Kenia; desenmascaró la cienciología; cambió la legislación sobre libertad de prensa en Islandia; destapó la verdad de los presos políticos en Guantánamo y reveló las operaciones corruptas de la banca europea. Pero la proeza que le dio fama global fue la publicación de 90 mil documentos secretos sobre la guerra norteamericana en Afganistán, en julio de este año, más la revelación, hace unas semanas en Wikileaks de 400 mil documentos sobre la guerra en Irak. Con esto Assange agregó a su ya notable lista de enemigos, a Estados Unidos.
¿Quién es este hombre pálido y desgarbado, que sin empuñar jamás un arma puso en jaque a la superpotencia? ¿Por qué un joven de inteligencia sobresaliente y prometedor futuro en la academia o la industria informática, lo abandonó todo y emprendió una quijotesca campaña contra la maldad? Brillante estudiante de física y matemáticas, y destacado hacker, Julian Assange es un australiano de 39 años que desde su adolescencia escogió el camino que hoy sigue con una serenidad y fortaleza que asombran: un periodista activista, como él mismo se define, militante furibundo de la “transparencia radical”. Su obsesión es revelar las verdades ocultas, publicar documentos clasificados que esconden toda clase de infamias, y poner al desnudo las atrocidades de los poderosos y de los criminales. Assange asumió con mesianismo su paso por este mundo.
Debido a las constantes amenazas de muerte que recibe y a la larga y pasmosa lista de enemigos –entre los que se destacan carteles de la mafia, las agencias de seguridad de varias naciones, entre ellas las estadounidenses y la banca internacional–, Assange lleva una vida errante y semiclandestina. Pocos conocen su paradero exacto, casi nadie sabe el lugar en donde dormirá esta noche y crece a diario el número de países que se niegan a recibirlo. Su madre cuenta desde Australia que su hijo está perdiendo el cabello debido a la vida azarosa que lleva, combatiendo a los imperios más poderosos de la Tierra.
El hombre de las 37 escuelas
Sin embargo, no se trata de un estereotipado personaje de leyenda. No mira al infinito cuando habla, ni proclama ideas políticas complejas o revolucionarias. Y parece manejar muy bien el enorme peso que lleva a cuestas, pues se presenta puntual a las conferencias internacionales y aparece en televisión en un tono tranquilo y lúcido, que hace olvidar al público lo que le espera una vez salga del estudio y vuelva a la oscuridad de la vida subrepticia. “Los hombres generosos no crean víctimas, sino que cuidan de ellas”, responde cuando le preguntaron por qué hace lo que hace. “Vigilar a los criminales es una forma de proteger a las víctimas”.
Nació en Townsville, Australia, en 1971, y debido al trabajo de sus padres en la industria cinematográfica, llevó de niño una vida tan errabunda como ahora; él mismo afirma que pasó por 37 escuelas y vivió a los 9 años la aventura de fugarse junto con su madre y hermano, de una secta religiosa en la que habían caído prisioneros por culpa de su padrastro. Después vendría la adolescencia y con ella su faceta geek. Julian se enamoró de la tecnología y con esfuerzo autodidacta dominó las complejidades de la programación. Fue el hacker más connotado de Australia y tuvo su bautizo de fuego con la penetración de los sistemas de una empresa telefónica, hazaña por la que pagó algunos días de cárcel, como todo hacker que se respete. “Desde que la mafia rusa se dedicó a saquear las cuentas bancarias de las abuelitas, la palabra hacker ya no suena agradable como en el pasado”, explica cuando pide que no lo califiquen con tal denominación. Como era de esperarse por sus ideas libertarias, Assange es un partidario declarado de Linux y del software libre y contribuyó a la comunidad de desarrolladores con varias piezas de software, entre las que se destaca Stoiber, el primer programa gratuito para escanear puertos, escrito en 1995. Dos años después ayudó a desarrollar un programa de criptografía para que los activistas de derechos humanos protejan su información con mayor seguridad.
“Me gusta aplastar bastardos”
Asombra en quienes le conocen la rara combinación del periodismo y la tecnología en una única pasión: revelar la verdad, según él mismo lo explica. Pasión que lo llevó a abandonar los estudios de física en la Universidad de Melbourne, para fundar en el 2006, el proyecto Wikileaks, para que cualquier ciudadano del planeta pudiera poner allí documentos secretos del tema que fuera. La idea original era que la gente publicara directamente (de allí el nombre wiki, como en wikipedia), pero hoy un equipo de casi 800 periodistas voluntarios revisa minuciosamente cada documento que es recibido, para verificar su autenticidad. Como periodista, Julian Assange es objeto de polémica; para algunos, Wikileaks es una revolución en el periodismo mundial. Allí se han publicado en cuatro años más documentos secretos que en la historia del periodismo, lo cual –en palabras de Assange– indica la pobre tarea que los medios están haciendo. El rigor de Wikileaks es reconocido; la verificación de un documento se realiza enviando periodistas al país de origen para investigar los detalles y corroborar los datos, todo gracias al aporte financiero de varias fundaciones. Pero muchos editores de grandes medios en el mundo tildan a Assange de irresponsable porque al revelar nombres de personajes involucrados en documentos clasificados, pone en riesgo la vida de muchas personas. De hecho, tal fue la acusación de Estados Unidos en su contra, cuando publicó los secretos militares en Afganistán, en donde hay nombres e imágenes de personal militar de la potencia en la región de conflicto.
Assange despierta amores y odios. Se dice que el Pentágono creó un grupo especial de 120 agentes de inteligencia que tendrían la misión de neutralizarlo. “Si Wikileaks no hace lo correcto por los medios legales, utilizaremos cualquier medio”, dijo el secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, cuando exigió a Assange que devolviera los documentos militares en su poder. Nada de eso parece asustar a este hombre, obsesionado con liberar el acceso público a la información y traer a la luz las verdades escondidas. “Me gusta aplastar bastardos”, dice. Y, hasta ahora, no existe poder alguno que se lo impida.
Por: RCN La Radio
Julian Assange es el creador del portal de Internet Wikileaks, encargado de sacar a la luz pública documentos confidenciales relacionados con la inteligencia militar de Estados Unidos y de otros países armamentistas.
Tiene 39 años, es australiano, se llama Julian Assange y es el fundador de Wikileaks, un sitio de internet con el que tiene en jaque a Estados Unidos: allí están a la luz pública sus más valiosos secretos de las guerras de Irak y Afganistán. Además, el pasado domingo 28 de noviembre en su site se comenzaron a publicar los cables diplomáticos emitidos por la embajada de E.U. (más información aquí). Todos los medios del planeta hablan de Assange, pero, ¿quién es en realidad el ahora más influyente periodista del mundo?, ¿no le da susto semejante reto?, ¿dónde duerme?, ¿por qué lo hace? La Revista GENTE Colombia se los cuenta en este perfil (artículo publicado en la edición de noviembre de 2010, en circulación)
El 12 de julio del 2007 durante una mañana soleada, un helicóptero norteamericano abrió fuego contra unas personas que caminaban tranquilas por una céntrica calle de Bagdad. El piloto se reía mientras relataba a través del radio su hazaña: “¡Vaya. Les di! Ja ja ja”. En ese ataque murieron 18 civiles, dos de ellos empleados de la agencia de noticias Reuters, y fueron gravemente heridos dos niños. Ciudadanos que trataron de auxiliar a los heridos también fueron acribillados con balas de 30 milímetros disparadas desde la nave. El alto mando estadounidense ocultó esta matanza hasta que Julian Assange la reveló en el sitio de internet Wikileaks.
Assange es el activista de moda en el mundo. Sus hazañas son monumentales: volteó el curso de las elecciones en Kenia; desenmascaró la cienciología; cambió la legislación sobre libertad de prensa en Islandia; destapó la verdad de los presos políticos en Guantánamo y reveló las operaciones corruptas de la banca europea. Pero la proeza que le dio fama global fue la publicación de 90 mil documentos secretos sobre la guerra norteamericana en Afganistán, en julio de este año, más la revelación, hace unas semanas en Wikileaks de 400 mil documentos sobre la guerra en Irak. Con esto Assange agregó a su ya notable lista de enemigos, a Estados Unidos.
¿Quién es este hombre pálido y desgarbado, que sin empuñar jamás un arma puso en jaque a la superpotencia? ¿Por qué un joven de inteligencia sobresaliente y prometedor futuro en la academia o la industria informática, lo abandonó todo y emprendió una quijotesca campaña contra la maldad? Brillante estudiante de física y matemáticas, y destacado hacker, Julian Assange es un australiano de 39 años que desde su adolescencia escogió el camino que hoy sigue con una serenidad y fortaleza que asombran: un periodista activista, como él mismo se define, militante furibundo de la “transparencia radical”. Su obsesión es revelar las verdades ocultas, publicar documentos clasificados que esconden toda clase de infamias, y poner al desnudo las atrocidades de los poderosos y de los criminales. Assange asumió con mesianismo su paso por este mundo.
Debido a las constantes amenazas de muerte que recibe y a la larga y pasmosa lista de enemigos –entre los que se destacan carteles de la mafia, las agencias de seguridad de varias naciones, entre ellas las estadounidenses y la banca internacional–, Assange lleva una vida errante y semiclandestina. Pocos conocen su paradero exacto, casi nadie sabe el lugar en donde dormirá esta noche y crece a diario el número de países que se niegan a recibirlo. Su madre cuenta desde Australia que su hijo está perdiendo el cabello debido a la vida azarosa que lleva, combatiendo a los imperios más poderosos de la Tierra.
El hombre de las 37 escuelas
Sin embargo, no se trata de un estereotipado personaje de leyenda. No mira al infinito cuando habla, ni proclama ideas políticas complejas o revolucionarias. Y parece manejar muy bien el enorme peso que lleva a cuestas, pues se presenta puntual a las conferencias internacionales y aparece en televisión en un tono tranquilo y lúcido, que hace olvidar al público lo que le espera una vez salga del estudio y vuelva a la oscuridad de la vida subrepticia. “Los hombres generosos no crean víctimas, sino que cuidan de ellas”, responde cuando le preguntaron por qué hace lo que hace. “Vigilar a los criminales es una forma de proteger a las víctimas”.
Nació en Townsville, Australia, en 1971, y debido al trabajo de sus padres en la industria cinematográfica, llevó de niño una vida tan errabunda como ahora; él mismo afirma que pasó por 37 escuelas y vivió a los 9 años la aventura de fugarse junto con su madre y hermano, de una secta religiosa en la que habían caído prisioneros por culpa de su padrastro. Después vendría la adolescencia y con ella su faceta geek. Julian se enamoró de la tecnología y con esfuerzo autodidacta dominó las complejidades de la programación. Fue el hacker más connotado de Australia y tuvo su bautizo de fuego con la penetración de los sistemas de una empresa telefónica, hazaña por la que pagó algunos días de cárcel, como todo hacker que se respete. “Desde que la mafia rusa se dedicó a saquear las cuentas bancarias de las abuelitas, la palabra hacker ya no suena agradable como en el pasado”, explica cuando pide que no lo califiquen con tal denominación. Como era de esperarse por sus ideas libertarias, Assange es un partidario declarado de Linux y del software libre y contribuyó a la comunidad de desarrolladores con varias piezas de software, entre las que se destaca Stoiber, el primer programa gratuito para escanear puertos, escrito en 1995. Dos años después ayudó a desarrollar un programa de criptografía para que los activistas de derechos humanos protejan su información con mayor seguridad.
“Me gusta aplastar bastardos”
Asombra en quienes le conocen la rara combinación del periodismo y la tecnología en una única pasión: revelar la verdad, según él mismo lo explica. Pasión que lo llevó a abandonar los estudios de física en la Universidad de Melbourne, para fundar en el 2006, el proyecto Wikileaks, para que cualquier ciudadano del planeta pudiera poner allí documentos secretos del tema que fuera. La idea original era que la gente publicara directamente (de allí el nombre wiki, como en wikipedia), pero hoy un equipo de casi 800 periodistas voluntarios revisa minuciosamente cada documento que es recibido, para verificar su autenticidad. Como periodista, Julian Assange es objeto de polémica; para algunos, Wikileaks es una revolución en el periodismo mundial. Allí se han publicado en cuatro años más documentos secretos que en la historia del periodismo, lo cual –en palabras de Assange– indica la pobre tarea que los medios están haciendo. El rigor de Wikileaks es reconocido; la verificación de un documento se realiza enviando periodistas al país de origen para investigar los detalles y corroborar los datos, todo gracias al aporte financiero de varias fundaciones. Pero muchos editores de grandes medios en el mundo tildan a Assange de irresponsable porque al revelar nombres de personajes involucrados en documentos clasificados, pone en riesgo la vida de muchas personas. De hecho, tal fue la acusación de Estados Unidos en su contra, cuando publicó los secretos militares en Afganistán, en donde hay nombres e imágenes de personal militar de la potencia en la región de conflicto.
Assange despierta amores y odios. Se dice que el Pentágono creó un grupo especial de 120 agentes de inteligencia que tendrían la misión de neutralizarlo. “Si Wikileaks no hace lo correcto por los medios legales, utilizaremos cualquier medio”, dijo el secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, cuando exigió a Assange que devolviera los documentos militares en su poder. Nada de eso parece asustar a este hombre, obsesionado con liberar el acceso público a la información y traer a la luz las verdades escondidas. “Me gusta aplastar bastardos”, dice. Y, hasta ahora, no existe poder alguno que se lo impida.
miércoles, 5 de enero de 2011
Menos consumo, más felicidad | El Economista
Menos consumo, más felicidad | El Economista
Rubén Aguilar Valenzuela
Hay una tendencia mundial ente un sector de jóvenes de sectores medios altos de países desarrollados y en vías de desarrollo de consumir menos y vivir de manera más sencilla como parte de la búsqueda de su felicidad.
De acuerdo con esta visión, el vivir con altos niveles de consumo y comprar bienes de lujo obliga a ser presa de un ciclo interminable de siempre querer más y tratar de estar por encima de los otros.
La cultura occidental, ahora también la asiática, programa a sus miembros para pensar que la felicidad sólo es posible si se obtiene la ropa de moda, el último equipo electrónico o se cambia el carro cada tanto tiempo.
Un estudio publicado en la revista Psychological Sicence del mes de junio revela que en las personas existe una real contradicción entre la búsqueda de la riqueza y la capacidad de “saborear” las experiencias positivas de la vida.
Investigaciones de la Universidad de California indican que cuando se gasta el dinero en la búsqueda da una experiencia (ir al teatro, tomar clases, ir de vacaciones…) se produce una satisfacción mayor y más duradera que con sólo comprar y tener cosas.
Revelan también que, a diferencia del consumo de bienes materiales, los que buscan el goce de experiencias otorga una felicidad más perdurable porque permanecen en la memoria y pueden ser socializadas.
Los jóvenes que se inscriben en esta nueva tendencia cultural encabezan un movimiento de “regreso a lo básico” como forma de vida que implica dar una nueva importancia a la familia, el hogar y las experiencias vitales.
Estos jóvenes también tienen claro que el lujo y el estatus social no les proporcionan felicidad, pero sí lo hace el “placer” de vivir de manera más sencilla y austera. Proponen, pero sobre todo, viven un estilo de vida que no exige del tener y da lugar al ser.
A esta nueva tendencia algunos estudiosos la ubican como una reacción a la crisis económica y piensan que puede resultar pasajera, pero otros la ven como una nueva forma y estilo de vida que llegó para quedarse.
Los que lo han adoptado no lo propone como una acción contestataria, a la manera de los hippies de los 60, sino como una nueva alternativa de vida que implica una decisión de carácter estrictamente personal.
Quien está a la vanguardia de los estudios sobre consumo y felicidad es el Departamento de Psicología de la Universidad de Columbia Británica en Canadá, y hasta hace muy poco, su trabajo se centraba sólo en la relación entre ingreso y felicidad.
En la última década, han ganado camino los estudios relacionados con la felicidad y la manera de utilizar el ingreso. Las investigaciones más recientes detallan que hay una relación directa entre felicidad y la satisfacción de las necesidades básicas y no las que implican lujo.
Rubén Aguilar Valenzuela
Hay una tendencia mundial ente un sector de jóvenes de sectores medios altos de países desarrollados y en vías de desarrollo de consumir menos y vivir de manera más sencilla como parte de la búsqueda de su felicidad.
De acuerdo con esta visión, el vivir con altos niveles de consumo y comprar bienes de lujo obliga a ser presa de un ciclo interminable de siempre querer más y tratar de estar por encima de los otros.
La cultura occidental, ahora también la asiática, programa a sus miembros para pensar que la felicidad sólo es posible si se obtiene la ropa de moda, el último equipo electrónico o se cambia el carro cada tanto tiempo.
Un estudio publicado en la revista Psychological Sicence del mes de junio revela que en las personas existe una real contradicción entre la búsqueda de la riqueza y la capacidad de “saborear” las experiencias positivas de la vida.
Investigaciones de la Universidad de California indican que cuando se gasta el dinero en la búsqueda da una experiencia (ir al teatro, tomar clases, ir de vacaciones…) se produce una satisfacción mayor y más duradera que con sólo comprar y tener cosas.
Revelan también que, a diferencia del consumo de bienes materiales, los que buscan el goce de experiencias otorga una felicidad más perdurable porque permanecen en la memoria y pueden ser socializadas.
Los jóvenes que se inscriben en esta nueva tendencia cultural encabezan un movimiento de “regreso a lo básico” como forma de vida que implica dar una nueva importancia a la familia, el hogar y las experiencias vitales.
Estos jóvenes también tienen claro que el lujo y el estatus social no les proporcionan felicidad, pero sí lo hace el “placer” de vivir de manera más sencilla y austera. Proponen, pero sobre todo, viven un estilo de vida que no exige del tener y da lugar al ser.
A esta nueva tendencia algunos estudiosos la ubican como una reacción a la crisis económica y piensan que puede resultar pasajera, pero otros la ven como una nueva forma y estilo de vida que llegó para quedarse.
Los que lo han adoptado no lo propone como una acción contestataria, a la manera de los hippies de los 60, sino como una nueva alternativa de vida que implica una decisión de carácter estrictamente personal.
Quien está a la vanguardia de los estudios sobre consumo y felicidad es el Departamento de Psicología de la Universidad de Columbia Británica en Canadá, y hasta hace muy poco, su trabajo se centraba sólo en la relación entre ingreso y felicidad.
En la última década, han ganado camino los estudios relacionados con la felicidad y la manera de utilizar el ingreso. Las investigaciones más recientes detallan que hay una relación directa entre felicidad y la satisfacción de las necesidades básicas y no las que implican lujo.
La filantropía en Estados Unidos | El Economista
La filantropía en Estados Unidos | El Economista
Rubén Aguilar Valenzuela
Los ciudadanos estadounidenses son los más generosos del mundo a la hora de hacer donativos y de manera particular sus empresarios millonarios. La donación forma parte de la cultura de nuestros vecinos del norte.
El total de las donaciones en Estados Unidos en el 2009 sumó 301,000 millones de dólares, que equivalen al presupuesto anual de México. La crisis sólo redujo en 3.6% la cantidad de los donativos.
En los últimos 40 años (1969-2009), el monto de lo aportado fluctúa en un porcentaje entre 1.7 y 2.2 % del PIB. En el 2009 fue de 2.1 por ciento. La ayuda, como se puede ver, se mantiene estable a lo largo de los años.
El absoluto crece todos los años y si en 1969 fue de 117,000 millones de dólares, en el 2005 llegó a los 325,000 millones de dólares. La expectativa es en tres años rebasar esa cantidad, una vez que pasen los efectos de la crisis.
El gran parte de los donativos proviene de aportaciones individuales que son 75% del total, 13% de las fundaciones, 8% de grandes donaciones y 4% de empresas.
La motivación fundamental para donar es que cambien las cosas (72%) y los recursos se otorgan a las instituciones que dan garantía de gestionar la ayuda de manera eficaz (71 por ciento).
De acuerdo con el carácter de las organizaciones receptoras, la distribución de la ayuda se concentra así: religiosas (33 %), educativas (13%), fundaciones (10%) y no clasificables (10 por ciento).
Le siguen servicios humanos (9%), sociedad benéfica pública (8%), salud (7%), arte y cultura (4%), asuntos internacionales (3%), medio ambiente (2%) y ayudas a individuos (1 por ciento).
Las investigaciones revelan que los porcentajes de la ayuda al tipo de organización se han mantenido iguales en los últimos 55 años. La causa que ha tenido un mayor crecimiento en la última década es asuntos internacionales.
Los donantes estadounidenses son cada vez más conscientes al donar y exigen que su ayuda se utilice con inteligencia, y para ello buscan informarse cuáles son las organizaciones que ofrecen mejores resultados.
Grandes empresarios como Warren Buffett, Bill Gates y Ted Turner sostienen que hay “una obligación moral” de regresar a la sociedad parte de lo que ella les ha dado y que ellos mismos deben de implicarse en la tarea.
Un estudio de la Universidad de Indiana indica que 80% de la población más rica hace trabajo voluntario y es también la que más dona, al dar unos 68,000 dólares anuales contra unos 45,000 dólares de quienes no hacen voluntariado.
Todos los datos provienen de “Giving USA 2010: The anual report on philanthopy for the year 2009”.
Urge que se produzca en México un estudio semejante todos los años. La donación y el voluntariado no son parte de nuestra cultura y debemos trabajar para que lo sea.
Rubén Aguilar Valenzuela
Los ciudadanos estadounidenses son los más generosos del mundo a la hora de hacer donativos y de manera particular sus empresarios millonarios. La donación forma parte de la cultura de nuestros vecinos del norte.
El total de las donaciones en Estados Unidos en el 2009 sumó 301,000 millones de dólares, que equivalen al presupuesto anual de México. La crisis sólo redujo en 3.6% la cantidad de los donativos.
En los últimos 40 años (1969-2009), el monto de lo aportado fluctúa en un porcentaje entre 1.7 y 2.2 % del PIB. En el 2009 fue de 2.1 por ciento. La ayuda, como se puede ver, se mantiene estable a lo largo de los años.
El absoluto crece todos los años y si en 1969 fue de 117,000 millones de dólares, en el 2005 llegó a los 325,000 millones de dólares. La expectativa es en tres años rebasar esa cantidad, una vez que pasen los efectos de la crisis.
El gran parte de los donativos proviene de aportaciones individuales que son 75% del total, 13% de las fundaciones, 8% de grandes donaciones y 4% de empresas.
La motivación fundamental para donar es que cambien las cosas (72%) y los recursos se otorgan a las instituciones que dan garantía de gestionar la ayuda de manera eficaz (71 por ciento).
De acuerdo con el carácter de las organizaciones receptoras, la distribución de la ayuda se concentra así: religiosas (33 %), educativas (13%), fundaciones (10%) y no clasificables (10 por ciento).
Le siguen servicios humanos (9%), sociedad benéfica pública (8%), salud (7%), arte y cultura (4%), asuntos internacionales (3%), medio ambiente (2%) y ayudas a individuos (1 por ciento).
Las investigaciones revelan que los porcentajes de la ayuda al tipo de organización se han mantenido iguales en los últimos 55 años. La causa que ha tenido un mayor crecimiento en la última década es asuntos internacionales.
Los donantes estadounidenses son cada vez más conscientes al donar y exigen que su ayuda se utilice con inteligencia, y para ello buscan informarse cuáles son las organizaciones que ofrecen mejores resultados.
Grandes empresarios como Warren Buffett, Bill Gates y Ted Turner sostienen que hay “una obligación moral” de regresar a la sociedad parte de lo que ella les ha dado y que ellos mismos deben de implicarse en la tarea.
Un estudio de la Universidad de Indiana indica que 80% de la población más rica hace trabajo voluntario y es también la que más dona, al dar unos 68,000 dólares anuales contra unos 45,000 dólares de quienes no hacen voluntariado.
Todos los datos provienen de “Giving USA 2010: The anual report on philanthopy for the year 2009”.
Urge que se produzca en México un estudio semejante todos los años. La donación y el voluntariado no son parte de nuestra cultura y debemos trabajar para que lo sea.
martes, 4 de enero de 2011
The disposable academic - Doctoral degrees
Why doing a PhD is often a waste of time
The economist
ON THE evening before All Saints’ Day in 1517, Martin Luther nailed 95 theses to the door of a church in Wittenberg. In those days a thesis was simply a position one wanted to argue. Luther, an Augustinian friar, asserted that Christians could not buy their way to heaven. Today a doctoral thesis is both an idea and an account of a period of original research. Writing one is the aim of the hundreds of thousands of students who embark on a doctorate of philosophy (PhD) every year.
In most countries a PhD is a basic requirement for a career in academia. It is an introduction to the world of independent research—a kind of intellectual masterpiece, created by an apprentice in close collaboration with a supervisor. The requirements to complete one vary enormously between countries, universities and even subjects. Some students will first have to spend two years working on a master’s degree or diploma. Some will receive a stipend; others will pay their own way. Some PhDs involve only research, some require classes and examinations and some require the student to teach undergraduates. A thesis can be dozens of pages in mathematics, or many hundreds in history. As a result, newly minted PhDs can be as young as their early 20s or world-weary forty-somethings.
One thing many PhD students have in common is dissatisfaction. Some describe their work as “slave labour”. Seven-day weeks, ten-hour days, low pay and uncertain prospects are widespread. You know you are a graduate student, goes one quip, when your office is better decorated than your home and you have a favourite flavour of instant noodle. “It isn’t graduate school itself that is discouraging,” says one student, who confesses to rather enjoying the hunt for free pizza. “What’s discouraging is realising the end point has been yanked out of reach.”
Related topics
* Physics
* Science and technology
* Science
* United States
* Colleges and universities
Whining PhD students are nothing new, but there seem to be genuine problems with the system that produces research doctorates (the practical “professional doctorates” in fields such as law, business and medicine have a more obvious value). There is an oversupply of PhDs. Although a doctorate is designed as training for a job in academia, the number of PhD positions is unrelated to the number of job openings. Meanwhile, business leaders complain about shortages of high-level skills, suggesting PhDs are not teaching the right things. The fiercest critics compare research doctorates to Ponzi or pyramid schemes.
Rich pickings
For most of history even a first degree at a university was the privilege of a rich few, and many academic staff did not hold doctorates. But as higher education expanded after the second world war, so did the expectation that lecturers would hold advanced degrees. American universities geared up first: by 1970 America was producing just under a third of the world’s university students and half of its science and technology PhDs (at that time it had only 6% of the global population). Since then America’s annual output of PhDs has doubled, to 64,000.
Other countries are catching up. Between 1998 and 2006 the number of doctorates handed out in all OECD countries grew by 40%, compared with 22% for America. PhD production sped up most dramatically in Mexico, Portugal, Italy and Slovakia. Even Japan, where the number of young people is shrinking, churned out about 46% more PhDs. Part of that growth reflects the expansion of university education outside America. Richard Freeman, a labour economist at Harvard University, says that by 2006 America was enrolling just 12% of the world’s students.
But universities have discovered that PhD students are cheap, highly motivated and disposable labour. With more PhD students they can do more research, and in some countries more teaching, with less money. A graduate assistant at Yale might earn $20,000 a year for nine months of teaching. The average pay of full professors in America was $109,000 in 2009—higher than the average for judges and magistrates.
Indeed, the production of PhDs has far outstripped demand for university lecturers. In a recent book, Andrew Hacker and Claudia Dreifus, an academic and a journalist, report that America produced more than 100,000 doctoral degrees between 2005 and 2009. In the same period there were just 16,000 new professorships. Using PhD students to do much of the undergraduate teaching cuts the number of full-time jobs. Even in Canada, where the output of PhD graduates has grown relatively modestly, universities conferred 4,800 doctorate degrees in 2007 but hired just 2,616 new full-time professors. Only a few fast-developing countries, such as Brazil and China, now seem short of PhDs.
A short course in supply and demand
In research the story is similar. PhD students and contract staff known as “postdocs”, described by one student as “the ugly underbelly of academia”, do much of the research these days. There is a glut of postdocs too. Dr Freeman concluded from pre-2000 data that if American faculty jobs in the life sciences were increasing at 5% a year, just 20% of students would land one. In Canada 80% of postdocs earn $38,600 or less per year before tax—the average salary of a construction worker. The rise of the postdoc has created another obstacle on the way to an academic post. In some areas five years as a postdoc is now a prerequisite for landing a secure full-time job.
These armies of low-paid PhD researchers and postdocs boost universities’, and therefore countries’, research capacity. Yet that is not always a good thing. Brilliant, well-trained minds can go to waste when fashions change. The post-Sputnik era drove the rapid growth in PhD physicists that came to an abrupt halt as the Vietnam war drained the science budget. Brian Schwartz, a professor of physics at the City University of New York, says that in the 1970s as many as 5,000 physicists had to find jobs in other areas.
In America the rise of PhD teachers’ unions reflects the breakdown of an implicit contract between universities and PhD students: crummy pay now for a good academic job later. Student teachers in public universities such as the University of Wisconsin-Madison formed unions as early as the 1960s, but the pace of unionisation has increased recently. Unions are now spreading to private universities; though Yale and Cornell, where university administrators and some faculty argue that PhD students who teach are not workers but apprentices, have resisted union drives. In 2002 New York University was the first private university to recognise a PhD teachers’ union, but stopped negotiating with it three years later.
In some countries, such as Britain and America, poor pay and job prospects are reflected in the number of foreign-born PhD students. Dr Freeman estimates that in 1966 only 23% of science and engineering PhDs in America were awarded to students born outside the country. By 2006 that proportion had increased to 48%. Foreign students tend to tolerate poorer working conditions, and the supply of cheap, brilliant, foreign labour also keeps wages down.
A PhD may offer no financial benefit over a master’s degree. It can even reduce earnings
Proponents of the PhD argue that it is worthwhile even if it does not lead to permanent academic employment. Not every student embarks on a PhD wanting a university career and many move successfully into private-sector jobs in, for instance, industrial research. That is true; but drop-out rates suggest that many students become dispirited. In America only 57% of doctoral students will have a PhD ten years after their first date of enrolment. In the humanities, where most students pay for their own PhDs, the figure is 49%. Worse still, whereas in other subject areas students tend to jump ship in the early years, in the humanities they cling like limpets before eventually falling off. And these students started out as the academic cream of the nation. Research at one American university found that those who finish are no cleverer than those who do not. Poor supervision, bad job prospects or lack of money cause them to run out of steam.
Even graduates who find work outside universities may not fare all that well. PhD courses are so specialised that university careers offices struggle to assist graduates looking for jobs, and supervisors tend to have little interest in students who are leaving academia. One OECD study shows that five years after receiving their degrees, more than 60% of PhDs in Slovakia and more than 45% in Belgium, the Czech Republic, Germany and Spain were still on temporary contracts. Many were postdocs. About one-third of Austria’s PhD graduates take jobs unrelated to their degrees. In Germany 13% of all PhD graduates end up in lowly occupations. In the Netherlands the proportion is 21%.
A very slim premium
PhD graduates do at least earn more than those with a bachelor’s degree. A study in the Journal of Higher Education Policy and Management by Bernard Casey shows that British men with a bachelor’s degree earn 14% more than those who could have gone to university but chose not to. The earnings premium for a PhD is 26%. But the premium for a master’s degree, which can be accomplished in as little as one year, is almost as high, at 23%. In some subjects the premium for a PhD vanishes entirely. PhDs in maths and computing, social sciences and languages earn no more than those with master’s degrees. The premium for a PhD is actually smaller than for a master’s degree in engineering and technology, architecture and education. Only in medicine, other sciences, and business and financial studies is it high enough to be worthwhile. Over all subjects, a PhD commands only a 3% premium over a master’s degree.
Dr Schwartz, the New York physicist, says the skills learned in the course of a PhD can be readily acquired through much shorter courses. Thirty years ago, he says, Wall Street firms realised that some physicists could work out differential equations and recruited them to become “quants”, analysts and traders. Today several short courses offer the advanced maths useful for finance. “A PhD physicist with one course on differential equations is not competitive,” says Dr Schwartz.
Many students say they are pursuing their subject out of love, and that education is an end in itself. Some give little thought to where the qualification might lead. In one study of British PhD graduates, about a third admitted that they were doing their doctorate partly to go on being a student, or put off job hunting. Nearly half of engineering students admitted to this. Scientists can easily get stipends, and therefore drift into doing a PhD. But there are penalties, as well as benefits, to staying at university. Workers with “surplus schooling”—more education than a job requires—are likely to be less satisfied, less productive and more likely to say they are going to leave their jobs.
The interests of universities and tenured academics are misaligned with those of PhD students
Academics tend to regard asking whether a PhD is worthwhile as analogous to wondering whether there is too much art or culture in the world. They believe that knowledge spills from universities into society, making it more productive and healthier. That may well be true; but doing a PhD may still be a bad choice for an individual.
The interests of academics and universities on the one hand and PhD students on the other are not well aligned. The more bright students stay at universities, the better it is for academics. Postgraduate students bring in grants and beef up their supervisors’ publication records. Academics pick bright undergraduate students and groom them as potential graduate students. It isn’t in their interests to turn the smart kids away, at least at the beginning. One female student spoke of being told of glowing opportunities at the outset, but after seven years of hard slog she was fobbed off with a joke about finding a rich husband.
Monica Harris, a professor of psychology at the University of Kentucky, is a rare exception. She believes that too many PhDs are being produced, and has stopped admitting them. But such unilateral academic birth control is rare. One Ivy-League president, asked recently about PhD oversupply, said that if the top universities cut back others will step in to offer them instead.
Noble pursuits
Many of the drawbacks of doing a PhD are well known. Your correspondent was aware of them over a decade ago while she slogged through a largely pointless PhD in theoretical ecology. As Europeans try to harmonise higher education, some institutions are pushing the more structured learning that comes with an American PhD.
The organisations that pay for research have realised that many PhDs find it tough to transfer their skills into the job market. Writing lab reports, giving academic presentations and conducting six-month literature reviews can be surprisingly unhelpful in a world where technical knowledge has to be assimilated quickly and presented simply to a wide audience. Some universities are now offering their PhD students training in soft skills such as communication and teamwork that may be useful in the labour market. In Britain a four-year NewRoutePhD claims to develop just such skills in graduates.
Measurements and incentives might be changed, too. Some university departments and academics regard numbers of PhD graduates as an indicator of success and compete to produce more. For the students, a measure of how quickly those students get a permanent job, and what they earn, would be more useful. Where penalties are levied on academics who allow PhDs to overrun, the number of students who complete rises abruptly, suggesting that students were previously allowed to fester.
Many of those who embark on a PhD are the smartest in their class and will have been the best at everything they have done. They will have amassed awards and prizes. As this year’s new crop of graduate students bounce into their research, few will be willing to accept that the system they are entering could be designed for the benefit of others, that even hard work and brilliance may well not be enough to succeed, and that they would be better off doing something else. They might use their research skills to look harder at the lot of the disposable academic. Someone should write a thesis about that.
The economist
ON THE evening before All Saints’ Day in 1517, Martin Luther nailed 95 theses to the door of a church in Wittenberg. In those days a thesis was simply a position one wanted to argue. Luther, an Augustinian friar, asserted that Christians could not buy their way to heaven. Today a doctoral thesis is both an idea and an account of a period of original research. Writing one is the aim of the hundreds of thousands of students who embark on a doctorate of philosophy (PhD) every year.
In most countries a PhD is a basic requirement for a career in academia. It is an introduction to the world of independent research—a kind of intellectual masterpiece, created by an apprentice in close collaboration with a supervisor. The requirements to complete one vary enormously between countries, universities and even subjects. Some students will first have to spend two years working on a master’s degree or diploma. Some will receive a stipend; others will pay their own way. Some PhDs involve only research, some require classes and examinations and some require the student to teach undergraduates. A thesis can be dozens of pages in mathematics, or many hundreds in history. As a result, newly minted PhDs can be as young as their early 20s or world-weary forty-somethings.
One thing many PhD students have in common is dissatisfaction. Some describe their work as “slave labour”. Seven-day weeks, ten-hour days, low pay and uncertain prospects are widespread. You know you are a graduate student, goes one quip, when your office is better decorated than your home and you have a favourite flavour of instant noodle. “It isn’t graduate school itself that is discouraging,” says one student, who confesses to rather enjoying the hunt for free pizza. “What’s discouraging is realising the end point has been yanked out of reach.”
Related topics
* Physics
* Science and technology
* Science
* United States
* Colleges and universities
Whining PhD students are nothing new, but there seem to be genuine problems with the system that produces research doctorates (the practical “professional doctorates” in fields such as law, business and medicine have a more obvious value). There is an oversupply of PhDs. Although a doctorate is designed as training for a job in academia, the number of PhD positions is unrelated to the number of job openings. Meanwhile, business leaders complain about shortages of high-level skills, suggesting PhDs are not teaching the right things. The fiercest critics compare research doctorates to Ponzi or pyramid schemes.
Rich pickings
For most of history even a first degree at a university was the privilege of a rich few, and many academic staff did not hold doctorates. But as higher education expanded after the second world war, so did the expectation that lecturers would hold advanced degrees. American universities geared up first: by 1970 America was producing just under a third of the world’s university students and half of its science and technology PhDs (at that time it had only 6% of the global population). Since then America’s annual output of PhDs has doubled, to 64,000.
Other countries are catching up. Between 1998 and 2006 the number of doctorates handed out in all OECD countries grew by 40%, compared with 22% for America. PhD production sped up most dramatically in Mexico, Portugal, Italy and Slovakia. Even Japan, where the number of young people is shrinking, churned out about 46% more PhDs. Part of that growth reflects the expansion of university education outside America. Richard Freeman, a labour economist at Harvard University, says that by 2006 America was enrolling just 12% of the world’s students.
But universities have discovered that PhD students are cheap, highly motivated and disposable labour. With more PhD students they can do more research, and in some countries more teaching, with less money. A graduate assistant at Yale might earn $20,000 a year for nine months of teaching. The average pay of full professors in America was $109,000 in 2009—higher than the average for judges and magistrates.
Indeed, the production of PhDs has far outstripped demand for university lecturers. In a recent book, Andrew Hacker and Claudia Dreifus, an academic and a journalist, report that America produced more than 100,000 doctoral degrees between 2005 and 2009. In the same period there were just 16,000 new professorships. Using PhD students to do much of the undergraduate teaching cuts the number of full-time jobs. Even in Canada, where the output of PhD graduates has grown relatively modestly, universities conferred 4,800 doctorate degrees in 2007 but hired just 2,616 new full-time professors. Only a few fast-developing countries, such as Brazil and China, now seem short of PhDs.
A short course in supply and demand
In research the story is similar. PhD students and contract staff known as “postdocs”, described by one student as “the ugly underbelly of academia”, do much of the research these days. There is a glut of postdocs too. Dr Freeman concluded from pre-2000 data that if American faculty jobs in the life sciences were increasing at 5% a year, just 20% of students would land one. In Canada 80% of postdocs earn $38,600 or less per year before tax—the average salary of a construction worker. The rise of the postdoc has created another obstacle on the way to an academic post. In some areas five years as a postdoc is now a prerequisite for landing a secure full-time job.
These armies of low-paid PhD researchers and postdocs boost universities’, and therefore countries’, research capacity. Yet that is not always a good thing. Brilliant, well-trained minds can go to waste when fashions change. The post-Sputnik era drove the rapid growth in PhD physicists that came to an abrupt halt as the Vietnam war drained the science budget. Brian Schwartz, a professor of physics at the City University of New York, says that in the 1970s as many as 5,000 physicists had to find jobs in other areas.
In America the rise of PhD teachers’ unions reflects the breakdown of an implicit contract between universities and PhD students: crummy pay now for a good academic job later. Student teachers in public universities such as the University of Wisconsin-Madison formed unions as early as the 1960s, but the pace of unionisation has increased recently. Unions are now spreading to private universities; though Yale and Cornell, where university administrators and some faculty argue that PhD students who teach are not workers but apprentices, have resisted union drives. In 2002 New York University was the first private university to recognise a PhD teachers’ union, but stopped negotiating with it three years later.
In some countries, such as Britain and America, poor pay and job prospects are reflected in the number of foreign-born PhD students. Dr Freeman estimates that in 1966 only 23% of science and engineering PhDs in America were awarded to students born outside the country. By 2006 that proportion had increased to 48%. Foreign students tend to tolerate poorer working conditions, and the supply of cheap, brilliant, foreign labour also keeps wages down.
A PhD may offer no financial benefit over a master’s degree. It can even reduce earnings
Proponents of the PhD argue that it is worthwhile even if it does not lead to permanent academic employment. Not every student embarks on a PhD wanting a university career and many move successfully into private-sector jobs in, for instance, industrial research. That is true; but drop-out rates suggest that many students become dispirited. In America only 57% of doctoral students will have a PhD ten years after their first date of enrolment. In the humanities, where most students pay for their own PhDs, the figure is 49%. Worse still, whereas in other subject areas students tend to jump ship in the early years, in the humanities they cling like limpets before eventually falling off. And these students started out as the academic cream of the nation. Research at one American university found that those who finish are no cleverer than those who do not. Poor supervision, bad job prospects or lack of money cause them to run out of steam.
Even graduates who find work outside universities may not fare all that well. PhD courses are so specialised that university careers offices struggle to assist graduates looking for jobs, and supervisors tend to have little interest in students who are leaving academia. One OECD study shows that five years after receiving their degrees, more than 60% of PhDs in Slovakia and more than 45% in Belgium, the Czech Republic, Germany and Spain were still on temporary contracts. Many were postdocs. About one-third of Austria’s PhD graduates take jobs unrelated to their degrees. In Germany 13% of all PhD graduates end up in lowly occupations. In the Netherlands the proportion is 21%.
A very slim premium
PhD graduates do at least earn more than those with a bachelor’s degree. A study in the Journal of Higher Education Policy and Management by Bernard Casey shows that British men with a bachelor’s degree earn 14% more than those who could have gone to university but chose not to. The earnings premium for a PhD is 26%. But the premium for a master’s degree, which can be accomplished in as little as one year, is almost as high, at 23%. In some subjects the premium for a PhD vanishes entirely. PhDs in maths and computing, social sciences and languages earn no more than those with master’s degrees. The premium for a PhD is actually smaller than for a master’s degree in engineering and technology, architecture and education. Only in medicine, other sciences, and business and financial studies is it high enough to be worthwhile. Over all subjects, a PhD commands only a 3% premium over a master’s degree.
Dr Schwartz, the New York physicist, says the skills learned in the course of a PhD can be readily acquired through much shorter courses. Thirty years ago, he says, Wall Street firms realised that some physicists could work out differential equations and recruited them to become “quants”, analysts and traders. Today several short courses offer the advanced maths useful for finance. “A PhD physicist with one course on differential equations is not competitive,” says Dr Schwartz.
Many students say they are pursuing their subject out of love, and that education is an end in itself. Some give little thought to where the qualification might lead. In one study of British PhD graduates, about a third admitted that they were doing their doctorate partly to go on being a student, or put off job hunting. Nearly half of engineering students admitted to this. Scientists can easily get stipends, and therefore drift into doing a PhD. But there are penalties, as well as benefits, to staying at university. Workers with “surplus schooling”—more education than a job requires—are likely to be less satisfied, less productive and more likely to say they are going to leave their jobs.
The interests of universities and tenured academics are misaligned with those of PhD students
Academics tend to regard asking whether a PhD is worthwhile as analogous to wondering whether there is too much art or culture in the world. They believe that knowledge spills from universities into society, making it more productive and healthier. That may well be true; but doing a PhD may still be a bad choice for an individual.
The interests of academics and universities on the one hand and PhD students on the other are not well aligned. The more bright students stay at universities, the better it is for academics. Postgraduate students bring in grants and beef up their supervisors’ publication records. Academics pick bright undergraduate students and groom them as potential graduate students. It isn’t in their interests to turn the smart kids away, at least at the beginning. One female student spoke of being told of glowing opportunities at the outset, but after seven years of hard slog she was fobbed off with a joke about finding a rich husband.
Monica Harris, a professor of psychology at the University of Kentucky, is a rare exception. She believes that too many PhDs are being produced, and has stopped admitting them. But such unilateral academic birth control is rare. One Ivy-League president, asked recently about PhD oversupply, said that if the top universities cut back others will step in to offer them instead.
Noble pursuits
Many of the drawbacks of doing a PhD are well known. Your correspondent was aware of them over a decade ago while she slogged through a largely pointless PhD in theoretical ecology. As Europeans try to harmonise higher education, some institutions are pushing the more structured learning that comes with an American PhD.
The organisations that pay for research have realised that many PhDs find it tough to transfer their skills into the job market. Writing lab reports, giving academic presentations and conducting six-month literature reviews can be surprisingly unhelpful in a world where technical knowledge has to be assimilated quickly and presented simply to a wide audience. Some universities are now offering their PhD students training in soft skills such as communication and teamwork that may be useful in the labour market. In Britain a four-year NewRoutePhD claims to develop just such skills in graduates.
Measurements and incentives might be changed, too. Some university departments and academics regard numbers of PhD graduates as an indicator of success and compete to produce more. For the students, a measure of how quickly those students get a permanent job, and what they earn, would be more useful. Where penalties are levied on academics who allow PhDs to overrun, the number of students who complete rises abruptly, suggesting that students were previously allowed to fester.
Many of those who embark on a PhD are the smartest in their class and will have been the best at everything they have done. They will have amassed awards and prizes. As this year’s new crop of graduate students bounce into their research, few will be willing to accept that the system they are entering could be designed for the benefit of others, that even hard work and brilliance may well not be enough to succeed, and that they would be better off doing something else. They might use their research skills to look harder at the lot of the disposable academic. Someone should write a thesis about that.
Busy Employees Are Happier
Artículo tomado de: The Nonprofit Times
Do you think employees want less work instead of more? Are they happier when they are goofing off than when they working hard?
Many bosses might think that their workers are happiest doing nothing, but a survey released recently by the attitude-research company Sirota Survey Intelligence of Purchase, N.Y., indicates that employees who are busy, even those with too much work to do, are more contented than those with little or no work to do.
According to Sirota, this indicates that most employees want to do something and not just get by on their jobs. These findings are based on a survey of 203,000 employees at various companies.
The findings:
-- Those who rated their job satisfaction at an average of 37 out of a possible 100 were those with “much too little work to do,” according to the survey. These were the least happy workers.
-- Workers who had “just the right amount of work” rated their overall satisfaction at 68 out of 100.
-- Workers who had “much too much work” averaged 52 out of a possible 100 in job satisfaction.
Sirota’s findings indicate that “Overworked people, in a sense, are getting feedback from the organization that their contributions are important,” according to a company statement.
Do you think employees want less work instead of more? Are they happier when they are goofing off than when they working hard?
Many bosses might think that their workers are happiest doing nothing, but a survey released recently by the attitude-research company Sirota Survey Intelligence of Purchase, N.Y., indicates that employees who are busy, even those with too much work to do, are more contented than those with little or no work to do.
According to Sirota, this indicates that most employees want to do something and not just get by on their jobs. These findings are based on a survey of 203,000 employees at various companies.
The findings:
-- Those who rated their job satisfaction at an average of 37 out of a possible 100 were those with “much too little work to do,” according to the survey. These were the least happy workers.
-- Workers who had “just the right amount of work” rated their overall satisfaction at 68 out of 100.
-- Workers who had “much too much work” averaged 52 out of a possible 100 in job satisfaction.
Sirota’s findings indicate that “Overworked people, in a sense, are getting feedback from the organization that their contributions are important,” according to a company statement.
lunes, 3 de enero de 2011
Costos de política pública en Drogadicción - Rubén Aguilar
¿Quién paga los costos del enfoque prohibicionista y punitiva en la “guerra” contra las drogas?
La evidencia señala que el enfoque prohibicionista y punitivo en la lucha contra el narcotráfico ha fracasado. En los últimos 40 años, en contra de lo que se proponía, ha aumentado la zona de cultivo, la producción, el tráfico, el consumo y también se han abatido los precios de las drogas.
El enfoque implica que la responsabilidad de la acción punitiva, de “golpear” al narcotráfico, sea responsabilidad de los países productores y de paso, mientras que en los países de destino de la droga se es tolerante y permisivo con el consumo.
La historia de los últimos 40 años deja en claro que los países productores y de paso, como México, han pagado en violencia, corrupción, inseguridad y desarticulación institucional, costos muy superiores a los que el consumo de las drogas prohibidas hubiera provocado en su salud, su economía y su seguridad.
En el mundo desarrollado el consumo de drogas ilegales es potente e irreprimible. Las evidencia señala que estos países no están dispuestos a importar la guerra a sus territorios, no le ven sentido y tienen razón, y tampoco pagar los costos que implica reducir el tránsito y consumo de drogas en su sociedad.
Muestra también que la política de prohibición consume grandes partidas de dinero público, proporcionalmente mayores en los países de producción y paso que en los países consumidores. Estados Unidos gasta 40 mil millones de dólares al año y México 10 mil millones, el triple del gasto estadounidense si se comparan las cifras con sus respectivos productos internos.
La estrategia supone también que mientras en los países productores y de paso son escenarios de “guerra”, los países consumidores obtienen los beneficios mayores del valor añadido que se da en el tráfico ilícito. Ahí está el negocio. Del total del valor añadido a las drogas por su carácter ilegal, el 76 % se queda en los países consumidores y sólo el 24% en los productores y de paso.
La evidencia señala que el enfoque prohibicionista y punitivo en la lucha contra el narcotráfico ha fracasado. En los últimos 40 años, en contra de lo que se proponía, ha aumentado la zona de cultivo, la producción, el tráfico, el consumo y también se han abatido los precios de las drogas.
El enfoque implica que la responsabilidad de la acción punitiva, de “golpear” al narcotráfico, sea responsabilidad de los países productores y de paso, mientras que en los países de destino de la droga se es tolerante y permisivo con el consumo.
La historia de los últimos 40 años deja en claro que los países productores y de paso, como México, han pagado en violencia, corrupción, inseguridad y desarticulación institucional, costos muy superiores a los que el consumo de las drogas prohibidas hubiera provocado en su salud, su economía y su seguridad.
En el mundo desarrollado el consumo de drogas ilegales es potente e irreprimible. Las evidencia señala que estos países no están dispuestos a importar la guerra a sus territorios, no le ven sentido y tienen razón, y tampoco pagar los costos que implica reducir el tránsito y consumo de drogas en su sociedad.
Muestra también que la política de prohibición consume grandes partidas de dinero público, proporcionalmente mayores en los países de producción y paso que en los países consumidores. Estados Unidos gasta 40 mil millones de dólares al año y México 10 mil millones, el triple del gasto estadounidense si se comparan las cifras con sus respectivos productos internos.
La estrategia supone también que mientras en los países productores y de paso son escenarios de “guerra”, los países consumidores obtienen los beneficios mayores del valor añadido que se da en el tráfico ilícito. Ahí está el negocio. Del total del valor añadido a las drogas por su carácter ilegal, el 76 % se queda en los países consumidores y sólo el 24% en los productores y de paso.
lunes, 6 de diciembre de 2010
Wikileaks, reflexión de John Ackerman
WikiLeaks a la mexicana
En solidaridad con Ricardo Ravelo y todo el equipo de Proceso
Los políticos estadunidenses que han criticado la "amenaza" que para sus intereses implica la actividad de WikiLeaks tienen razón en repudiarla. El poder se sostiene no solamente con balas y armas, sino también sobre la base de la asimetría informativa. El que tenga más información sobre las acciones, los pensamientos y los planes de su adversario tendrá una clara ventaja ante el surgimiento de algún conflicto. Hoy, con la filtración de más de 250 mil comunicaciones diplomáticas, la cancha del juego se ha nivelado un par de grados. Los ciudadanos del mundo sabemos un poco más sobre cómo funciona el gobierno de Washington, y esto fortalece tanto a la democracia como a la defensa de los derechos fundamentales.
El doctor Ian Shapiro, de la Universidad de Yale, en su formidable obra El estado de la teoría democrática, define a la democracia como "un medio para manejar relaciones de poder con el fin de minimizar la dominación". La celebración de elecciones populares sería, entonces, apenas un mecanismo más para fortalecer el ideal democrático. Otra vía, igualmente válida o incluso más importante, sería garantizar a los excluidos toda la información posible sobre las acciones y los pensamientos de los más poderosos. La reciente tarea de Julian Assange ha sido, entonces, eminentemente democrática y libertaria.
De acuerdo con el teórico holandés Mark Bovens, los derechos a la información deberían ser vistos como la cuarta gran ola histórica de derechos fundamentales, equivalente a los derechos civiles, políticos y sociales caracterizados en los textos clásicos de T.H. Marshall. Con el advenimiento de la "sociedad de la información", el mundo necesita defender sin tregua este nuevo derecho, que es igual de importante que los otros, incluyendo el mismo derecho al voto.
En una entrevista con la revista Forbes, Assange afirma que su objetivo es evidenciar el "ecosistema de la corrupción" y hacer el capitalismo "más libre y ético". No recurre al derecho para lograr sus fines porque se trata de "organizaciones que no obedecen el Estado de Derecho". Es simplemente imposible exigir cuentas por las vías normales a las agencias de inteligencia y a las grandes empresas trasnacionales. Su poder rebasa por mucho las capacidades de las instituciones de justicia y viven en un espacio de completa impunidad. La única opción es entonces recurrir a otro tipo de tácticas subversivas para equilibrar un poco el tablero de la dominación.
En otra entrevista, con la revista Time, el fundador de WikiLeaks afirma que su meta "no es lograr una sociedad más transparente, sino lograr una sociedad más justa". Y la vía para conseguir este fin sería dando ejemplos de valentía y de resistencia que van contagiando al mundo entero. Courage is contagious ("la valentía es contagiosa") es la frase que utiliza Assange para resumir el eje central de su estrategia. Afirma que más que el castigo, el miedo es la manera más efectiva para controlar a la sociedad. Por lo tanto, lo más peligroso para el sistema sería precisamente que la gente empiece a perderle miedo a la autoridad.
México necesita urgentemente de su propio proceso de filtración masiva para que la sociedad empiece a conocer las entrañas del sistema de impunidad y corrupción que predomina en el país. Las leyes de transparencia y la profesionalización de la actividad periodística nos han permitido asomarnos a la ventana para atestiguar algunos movimientos oscuros, pero todavía falta entrar por la puerta principal para ver cómo realmente funcionan los poderes estatales y fácticos cuando suponen que nadie los está viendo. Habría que demostrar a los que controlan el destino del país que no es tan fácil esconderse de la lupa ciudadana y traicionar la voluntad popular.
Un problema muy serio es, sin embargo, que desde la entrada en vigor de las leyes de transparencia, los servidores públicos ya no documentan sus decisiones más importantes. En lugar de levantar minutas pormenorizadas de sus reuniones, ahora se limitan a elaborar escuetas actas e informes sobre los acuerdos tomados. En lugar de enviar oficios, prefieren usar el teléfono para comunicarse o gestionar asuntos delicados. Hacen todo lo posible por no dejar algún rastro que posteriormente pueda ser usado en su contra.
El gobierno federal también ha hecho todo lo posible por evitar la divulgación de cualquier información relacionada con su estrategia de seguridad pública o sus relaciones en materia de seguridad con Estados Unidos. Asimismo, actualmente el sector privado se encuentra totalmente protegido de cualquier intento ciudadano por acceder a la información sobre sus operaciones. La negativa de la Secretaría de Hacienda a entregar la información sobre las exenciones fiscales, aun bajo una orden directa del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública y Protección de Datos (IFAI), y la vergonzosa intervención de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en el caso, es apenas el ejemplo más reciente que confirma la vigencia de esta regla de oro que "blinda" al sector privado de la rendición de cuentas ciudadana.
Tal y como lo señala Assange, en México necesitamos más ejemplos de valentía pública de parte de políticos, servidores públicos y ciudadanos para generar un proceso de contagio que permita a la población perder el miedo ante el ejercicio arbitrario y autoritario del poder. ¿Manuel Espino divulgará los secretos sobre el funcionamiento interno del PAN y sus relaciones con la Iglesia y los poderes fácticos? ¿Gabino Cué y los antiguos colaboradores de Ulises Ruiz exhibirán todas las corruptelas y malos manejos del gobierno de Oaxaca? ¿Mario Marín y Fidel Herrera tendrán que rendir cuentas sobre sus abusos de poder? ¿Cuándo sabremos la verdad sobre las redes de corrupción que corroen las instituciones de seguridad pública en el país?
Los periodistas han estado haciendo su trabajo, y de forma particularmente admirable en la prensa escrita. Pero ha llegado la hora para que los futuros informantes internos se inspiren con el ejemplo de WikiLeaks y les ayuden a exhibir las entrañas del monstruo de la complicidad y la impunidad, que es el principal responsable de que México todavía se encuentre tan rezagado en materia económica, política y social.
www.johnackerman.blogspot.com
Twitter: @JohnMAckerman
En solidaridad con Ricardo Ravelo y todo el equipo de Proceso
Los políticos estadunidenses que han criticado la "amenaza" que para sus intereses implica la actividad de WikiLeaks tienen razón en repudiarla. El poder se sostiene no solamente con balas y armas, sino también sobre la base de la asimetría informativa. El que tenga más información sobre las acciones, los pensamientos y los planes de su adversario tendrá una clara ventaja ante el surgimiento de algún conflicto. Hoy, con la filtración de más de 250 mil comunicaciones diplomáticas, la cancha del juego se ha nivelado un par de grados. Los ciudadanos del mundo sabemos un poco más sobre cómo funciona el gobierno de Washington, y esto fortalece tanto a la democracia como a la defensa de los derechos fundamentales.
El doctor Ian Shapiro, de la Universidad de Yale, en su formidable obra El estado de la teoría democrática, define a la democracia como "un medio para manejar relaciones de poder con el fin de minimizar la dominación". La celebración de elecciones populares sería, entonces, apenas un mecanismo más para fortalecer el ideal democrático. Otra vía, igualmente válida o incluso más importante, sería garantizar a los excluidos toda la información posible sobre las acciones y los pensamientos de los más poderosos. La reciente tarea de Julian Assange ha sido, entonces, eminentemente democrática y libertaria.
De acuerdo con el teórico holandés Mark Bovens, los derechos a la información deberían ser vistos como la cuarta gran ola histórica de derechos fundamentales, equivalente a los derechos civiles, políticos y sociales caracterizados en los textos clásicos de T.H. Marshall. Con el advenimiento de la "sociedad de la información", el mundo necesita defender sin tregua este nuevo derecho, que es igual de importante que los otros, incluyendo el mismo derecho al voto.
En una entrevista con la revista Forbes, Assange afirma que su objetivo es evidenciar el "ecosistema de la corrupción" y hacer el capitalismo "más libre y ético". No recurre al derecho para lograr sus fines porque se trata de "organizaciones que no obedecen el Estado de Derecho". Es simplemente imposible exigir cuentas por las vías normales a las agencias de inteligencia y a las grandes empresas trasnacionales. Su poder rebasa por mucho las capacidades de las instituciones de justicia y viven en un espacio de completa impunidad. La única opción es entonces recurrir a otro tipo de tácticas subversivas para equilibrar un poco el tablero de la dominación.
En otra entrevista, con la revista Time, el fundador de WikiLeaks afirma que su meta "no es lograr una sociedad más transparente, sino lograr una sociedad más justa". Y la vía para conseguir este fin sería dando ejemplos de valentía y de resistencia que van contagiando al mundo entero. Courage is contagious ("la valentía es contagiosa") es la frase que utiliza Assange para resumir el eje central de su estrategia. Afirma que más que el castigo, el miedo es la manera más efectiva para controlar a la sociedad. Por lo tanto, lo más peligroso para el sistema sería precisamente que la gente empiece a perderle miedo a la autoridad.
México necesita urgentemente de su propio proceso de filtración masiva para que la sociedad empiece a conocer las entrañas del sistema de impunidad y corrupción que predomina en el país. Las leyes de transparencia y la profesionalización de la actividad periodística nos han permitido asomarnos a la ventana para atestiguar algunos movimientos oscuros, pero todavía falta entrar por la puerta principal para ver cómo realmente funcionan los poderes estatales y fácticos cuando suponen que nadie los está viendo. Habría que demostrar a los que controlan el destino del país que no es tan fácil esconderse de la lupa ciudadana y traicionar la voluntad popular.
Un problema muy serio es, sin embargo, que desde la entrada en vigor de las leyes de transparencia, los servidores públicos ya no documentan sus decisiones más importantes. En lugar de levantar minutas pormenorizadas de sus reuniones, ahora se limitan a elaborar escuetas actas e informes sobre los acuerdos tomados. En lugar de enviar oficios, prefieren usar el teléfono para comunicarse o gestionar asuntos delicados. Hacen todo lo posible por no dejar algún rastro que posteriormente pueda ser usado en su contra.
El gobierno federal también ha hecho todo lo posible por evitar la divulgación de cualquier información relacionada con su estrategia de seguridad pública o sus relaciones en materia de seguridad con Estados Unidos. Asimismo, actualmente el sector privado se encuentra totalmente protegido de cualquier intento ciudadano por acceder a la información sobre sus operaciones. La negativa de la Secretaría de Hacienda a entregar la información sobre las exenciones fiscales, aun bajo una orden directa del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública y Protección de Datos (IFAI), y la vergonzosa intervención de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en el caso, es apenas el ejemplo más reciente que confirma la vigencia de esta regla de oro que "blinda" al sector privado de la rendición de cuentas ciudadana.
Tal y como lo señala Assange, en México necesitamos más ejemplos de valentía pública de parte de políticos, servidores públicos y ciudadanos para generar un proceso de contagio que permita a la población perder el miedo ante el ejercicio arbitrario y autoritario del poder. ¿Manuel Espino divulgará los secretos sobre el funcionamiento interno del PAN y sus relaciones con la Iglesia y los poderes fácticos? ¿Gabino Cué y los antiguos colaboradores de Ulises Ruiz exhibirán todas las corruptelas y malos manejos del gobierno de Oaxaca? ¿Mario Marín y Fidel Herrera tendrán que rendir cuentas sobre sus abusos de poder? ¿Cuándo sabremos la verdad sobre las redes de corrupción que corroen las instituciones de seguridad pública en el país?
Los periodistas han estado haciendo su trabajo, y de forma particularmente admirable en la prensa escrita. Pero ha llegado la hora para que los futuros informantes internos se inspiren con el ejemplo de WikiLeaks y les ayuden a exhibir las entrañas del monstruo de la complicidad y la impunidad, que es el principal responsable de que México todavía se encuentre tan rezagado en materia económica, política y social.
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Twitter: @JohnMAckerman
martes, 30 de noviembre de 2010
Wikileaks y la necesidad de las filtraciones
Remito texto de Artículo XIX... es una excelente texto!
Escrito de Artículo XIX
21-octubre-2010
Todos los días se toman decisiones que pueden y afectan directamente nuestra salud, integridad física, bienestar económico y en sí la totalidad de nuestros derechos humanos. A menudo estas decisiones son adoptadas por las razones equivocadas o por personas corruptas, incompetentes o simplemente perezosas. Los accidentes tienen lugar o las prácticas de corrupción florecen en gran medida porque los empleados o funcionarios que tienen conocimiento de irregularidades no informan al respecto por temor a represalias.
Contar con información es un derecho humano, que no quede duda. A lo largo de la segunda mitad del Siglo XX y hasta hoy, más de 90 países han aprobado leyes específicas para garantizar el acceso a la información y transparencia gubernamental. Sin embargo no es suficiente. La reserva injustificada de documentos, el debilitamiento de los órganos garantes de este derecho, el mal manejo de archivos son algunos de los obstáculos concretos que persisten en la práctica. En este contexto, la información que logré darle la vuelta a la cultura a las inercias secretistas a través de la filtración de documentos resulta instrumental para el combate a la corrupción y a la impunidad en caso de violaciones a derechos humanos. Considerados por muchos como héroes y heroínas, las personas que sirven como informantes cumplen una función esencial en el libre flujo de ideas, información y opiniones.
La polémica generada tras la publicación simultanea en The New York Times, The Guardian y Der Spiegel de más de 94,000 grabaciones de las tropas estadounidenses destacadas en Afganistán filtradas a través de Wikileaks, reinaguró un añejo debate sobre la divulgación de información considerada como secretos de Estado. A pesar de la enérgica condena proveniente de diferentes instancias de la administración del Presidente Barack Obama, el aporte de información de interés público sobre violaciones a derechos humanos y crímenes de guerra a manos de las tropas estadounidenses en Afganistán, resulta irrefutable. La supuesta amenaza a vidas humanas tras la publicación de ésta información aún no ha sido probada con evidencia.
La obligación de proteger información clasificada y de mantener el secreto es una responsabilidad exclusiva de las autoridades. Por lo tanto otros actores e instancias, incluyendo Wikileaks y la prensa en general, no deben ser sujetos a procesos judiciales por el simple hecho de publicarlas.
Tampoco las fuentes de filtraciones de información de evidente interés público deben de ser sometidas a procesos judiciales dada la función crucial que cumplen para garantizar el libre flujo de información. Si bien puede ser justificable que las personas responsables de información sensible sean sometidas a un acuerdo de confidencialidad, éste no debe impedir que cumplan con la responsabilidad social y ética a favor del interés público.
Sin embargo es importante también destacar que Wikileaks, así como otros medios de difusión de filtraciones basados en Internet, como Cryptome y FAS, deben sujetarse a las mejores prácticas periodísticas y éticas para asegurarse que la información difundida es veraz y no genera un daño sustancial a otras personas.
Wikileaks es tan sólo la punta del iceberg de la respuesta a la reserva indiscriminada de información en temas de seguridad nacional. La Comisión Investigadora de los ataques terroristas del 11 de septiembre incluyo dentro de sus conclusiones un número considerable de ejemplo de cómo la clasificación excesiva de información de inteligencia previno que las instancias que pudieron evitar la tragedia estuvieran informadas sobre la amenaza y riesgos de un ataque terrorista con esas características.
En 1971 Potter Stewart, juez de la Suprema Corte de Justicia estadounidense señaló durante la discusiones sobre la filtración de un documento que daba cuenta sobre la estrategia de Washington de extender el teatro de operaciones de la guerra de Vietnam a Laos y Camboya: “Cuando toda la información es clasificada, nada en realidad es clasificado”.
Las voces que llaman a que Wikileaks sea desarticulado y sus colaboradores sean procesados judicialmente, ignoran el hecho de que la solución para contener el impacto (positivo y negativo) de su trabajo recae exclusivamente en las manos de los gobiernos. Es decir, la mayor apertura y transparencia por parte de las autoridades haría que las filtraciones fueran innecesarias. Si Wikileaks logra ser detenido, sin lugar a dudas surgirían otros medios semejantes.
Escrito de Artículo XIX
21-octubre-2010
Todos los días se toman decisiones que pueden y afectan directamente nuestra salud, integridad física, bienestar económico y en sí la totalidad de nuestros derechos humanos. A menudo estas decisiones son adoptadas por las razones equivocadas o por personas corruptas, incompetentes o simplemente perezosas. Los accidentes tienen lugar o las prácticas de corrupción florecen en gran medida porque los empleados o funcionarios que tienen conocimiento de irregularidades no informan al respecto por temor a represalias.
Contar con información es un derecho humano, que no quede duda. A lo largo de la segunda mitad del Siglo XX y hasta hoy, más de 90 países han aprobado leyes específicas para garantizar el acceso a la información y transparencia gubernamental. Sin embargo no es suficiente. La reserva injustificada de documentos, el debilitamiento de los órganos garantes de este derecho, el mal manejo de archivos son algunos de los obstáculos concretos que persisten en la práctica. En este contexto, la información que logré darle la vuelta a la cultura a las inercias secretistas a través de la filtración de documentos resulta instrumental para el combate a la corrupción y a la impunidad en caso de violaciones a derechos humanos. Considerados por muchos como héroes y heroínas, las personas que sirven como informantes cumplen una función esencial en el libre flujo de ideas, información y opiniones.
La polémica generada tras la publicación simultanea en The New York Times, The Guardian y Der Spiegel de más de 94,000 grabaciones de las tropas estadounidenses destacadas en Afganistán filtradas a través de Wikileaks, reinaguró un añejo debate sobre la divulgación de información considerada como secretos de Estado. A pesar de la enérgica condena proveniente de diferentes instancias de la administración del Presidente Barack Obama, el aporte de información de interés público sobre violaciones a derechos humanos y crímenes de guerra a manos de las tropas estadounidenses en Afganistán, resulta irrefutable. La supuesta amenaza a vidas humanas tras la publicación de ésta información aún no ha sido probada con evidencia.
La obligación de proteger información clasificada y de mantener el secreto es una responsabilidad exclusiva de las autoridades. Por lo tanto otros actores e instancias, incluyendo Wikileaks y la prensa en general, no deben ser sujetos a procesos judiciales por el simple hecho de publicarlas.
Tampoco las fuentes de filtraciones de información de evidente interés público deben de ser sometidas a procesos judiciales dada la función crucial que cumplen para garantizar el libre flujo de información. Si bien puede ser justificable que las personas responsables de información sensible sean sometidas a un acuerdo de confidencialidad, éste no debe impedir que cumplan con la responsabilidad social y ética a favor del interés público.
Sin embargo es importante también destacar que Wikileaks, así como otros medios de difusión de filtraciones basados en Internet, como Cryptome y FAS, deben sujetarse a las mejores prácticas periodísticas y éticas para asegurarse que la información difundida es veraz y no genera un daño sustancial a otras personas.
Wikileaks es tan sólo la punta del iceberg de la respuesta a la reserva indiscriminada de información en temas de seguridad nacional. La Comisión Investigadora de los ataques terroristas del 11 de septiembre incluyo dentro de sus conclusiones un número considerable de ejemplo de cómo la clasificación excesiva de información de inteligencia previno que las instancias que pudieron evitar la tragedia estuvieran informadas sobre la amenaza y riesgos de un ataque terrorista con esas características.
En 1971 Potter Stewart, juez de la Suprema Corte de Justicia estadounidense señaló durante la discusiones sobre la filtración de un documento que daba cuenta sobre la estrategia de Washington de extender el teatro de operaciones de la guerra de Vietnam a Laos y Camboya: “Cuando toda la información es clasificada, nada en realidad es clasificado”.
Las voces que llaman a que Wikileaks sea desarticulado y sus colaboradores sean procesados judicialmente, ignoran el hecho de que la solución para contener el impacto (positivo y negativo) de su trabajo recae exclusivamente en las manos de los gobiernos. Es decir, la mayor apertura y transparencia por parte de las autoridades haría que las filtraciones fueran innecesarias. Si Wikileaks logra ser detenido, sin lugar a dudas surgirían otros medios semejantes.
Ecos de la cumbre mundial de alcaldes
Ecos de la cumbre mundial de alcaldes
http://www.localeando.com/
Artículo publicado el 25 de Noviembre, 2010
Por Jaime Villasana Dávila
La semana pasada (17 al 20) acudí al Tercer Congreso Mundial de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU) que se llevó a cabo en Ciudad de México. CGLU es el organismo que reúne a nivel global a una mayoría de los alcaldes de este planeta. En el congreso, los Alcaldes definieron trece mensajes claves relacionados con la crisis económica, el reto ambiental, el rol de CGLU dentro del concierto internacional, entre otros.
Fueron más de dos mil los alcaldes asistentes provenientes de más de 90 países. El evento fue atractivo por muchas cosas, sin olvidar por la enorme diversidad cultural, étnica y de pensamiento que puede observarse en un ambiente de estas características. Los contactos que se hacen son invaluables. En lo personal me quedo con lo siguiente:
a) Los alcaldes adoptaron el manifiesto “La Ciudad del 2030”, una guía que describe los lineamientos generales de lo que deben ser los centros urbanos en 20 años más.
b) La transmisión de experiencias ya no puede tener un solo flujo (norte al sur). Hoy en día las ciudades de cualquier región del mundo tienen algo que aportar y obviamente que aprender. El diálogo sur-sur debe reforzarse en consecuencia.
c) Cómo lo dijo el Director Ejecutivo de ONU-Habitat y ex –alcalde de Barcelona, Joan Clos; las ciudades deben planear más y mejor a largo plazo. Esta es una actividad que prácticamente ningún gobierno en México realiza.
d) El discurso y acciones de Marcelo Ebrard en temas ambientales son coherentes. Sin duda sería un atractivo candidato del PRD a la presidencia y mucho más si va en alianza con el PAN.
Si alguna crítica pudiera hacerse a los ponentes (alcaldes) es el casi nulo ejercicio de autocrítica realizado. Y es que en México, en China y en todos lados, a los alcaldes les encanta hablar de sus logros-éxitos, incluso de los retos de sus ciudades, pero muy raramente analizan sus deficiencias de gestión, las cuales también son elementos de experiencia y riqueza que deben compartirse.
El presidente saliente de CGLU, el alcalde de Paris (muy expresivo por cierto en sus discursos), dejó un estándar muy alto al entrante presidente, alcalde de Estambul, pero no imposible de superar. De hecho, éste último en unas de sus presentaciones expresó ideas resaltables sobre el desarrollo de su ciudad.
Lo mismo ocurre con la ciudad sede del Cuarto Congreso mundial (Rabat, Marruecos), a celebrarse en 2013. Y es que el gobierno del DF armó actividades complementarias que dieron una buena muestra de lo que es la capital del país, no solo como conglomerado urbano, sino también como uno de los centros culturales más importantes del mundo.
Enhorabuena al Jefe de Gobierno del DF.
http://www.localeando.com/
Artículo publicado el 25 de Noviembre, 2010
Por Jaime Villasana Dávila
La semana pasada (17 al 20) acudí al Tercer Congreso Mundial de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU) que se llevó a cabo en Ciudad de México. CGLU es el organismo que reúne a nivel global a una mayoría de los alcaldes de este planeta. En el congreso, los Alcaldes definieron trece mensajes claves relacionados con la crisis económica, el reto ambiental, el rol de CGLU dentro del concierto internacional, entre otros.
Fueron más de dos mil los alcaldes asistentes provenientes de más de 90 países. El evento fue atractivo por muchas cosas, sin olvidar por la enorme diversidad cultural, étnica y de pensamiento que puede observarse en un ambiente de estas características. Los contactos que se hacen son invaluables. En lo personal me quedo con lo siguiente:
a) Los alcaldes adoptaron el manifiesto “La Ciudad del 2030”, una guía que describe los lineamientos generales de lo que deben ser los centros urbanos en 20 años más.
b) La transmisión de experiencias ya no puede tener un solo flujo (norte al sur). Hoy en día las ciudades de cualquier región del mundo tienen algo que aportar y obviamente que aprender. El diálogo sur-sur debe reforzarse en consecuencia.
c) Cómo lo dijo el Director Ejecutivo de ONU-Habitat y ex –alcalde de Barcelona, Joan Clos; las ciudades deben planear más y mejor a largo plazo. Esta es una actividad que prácticamente ningún gobierno en México realiza.
d) El discurso y acciones de Marcelo Ebrard en temas ambientales son coherentes. Sin duda sería un atractivo candidato del PRD a la presidencia y mucho más si va en alianza con el PAN.
Si alguna crítica pudiera hacerse a los ponentes (alcaldes) es el casi nulo ejercicio de autocrítica realizado. Y es que en México, en China y en todos lados, a los alcaldes les encanta hablar de sus logros-éxitos, incluso de los retos de sus ciudades, pero muy raramente analizan sus deficiencias de gestión, las cuales también son elementos de experiencia y riqueza que deben compartirse.
El presidente saliente de CGLU, el alcalde de Paris (muy expresivo por cierto en sus discursos), dejó un estándar muy alto al entrante presidente, alcalde de Estambul, pero no imposible de superar. De hecho, éste último en unas de sus presentaciones expresó ideas resaltables sobre el desarrollo de su ciudad.
Lo mismo ocurre con la ciudad sede del Cuarto Congreso mundial (Rabat, Marruecos), a celebrarse en 2013. Y es que el gobierno del DF armó actividades complementarias que dieron una buena muestra de lo que es la capital del país, no solo como conglomerado urbano, sino también como uno de los centros culturales más importantes del mundo.
Enhorabuena al Jefe de Gobierno del DF.
lunes, 29 de noviembre de 2010
Video de José Antonio Pagola - Jesús, aproximación histórica
Adjunto video de Pagola en una entrevista. Personalmente creo que es muuuuy bueno. Ojalá se den un tiempo para verlo.
"Me identifico con la teología de Andrés Torres Queiruga"
Francesco Marini, ex superior general de los Javerianos:
"Me identifico con la teología de Andrés Torres Queiruga" :: Mundo :: Religión Digital
oy un misionero Javeriano que está trabajando en Yakarta (Indonesia) desde donde ahora escribo. Después de mi Ordenación Sacerdotal he enseñado Teología en el Seminario Mayor de los Javerianos en Parma (Italia), durante 8 años. Después de 7 años de labor en Indonesia, he sido llamado a Roma donde he servido como Consejero (6 años) y después Superior General (durante 12 años). Y ahora son ya 7 años los que tengo la alegría de estar trabajando de nuevo en Indonesia.
He descubierto por casualidad la teología de Andrés Torres Queiruga leyendo un artículo suyo en "Selecciones de Teología" en el 2002. El original estaba, parecía, traducido del portugués y así pedí al P. Adolfo Zon SX que había trabajado en Brasil y se encontraba conmigo en la misma comunidad, si por acaso conocía a un Autor Brasileño con el nombre de Torres Queiruga. "Mas ¡qué dices! - me ha contestado. ¡Es gallego, de mi tierra!" Y comprendí mi error: había confundido el gallego con el portugués.
Con la maravilla de esta equivocación he tenido mi primer encuentro con la teología de Torres Queiruga. Y después, he seguido leyendo todas sus obras y los artículos que iban apareciendo. He visto que expresaban muy bien mi visión y la profundizaban, la desarrollaban, le daban forma clara y documentada...La mejor descripción de mi relación intelectual (y de mistad) con Andrés Torres Queiruga la ha hecho él mismo escribiendo sobre la teología de Schillebeeckx:
"Hay autores que se leen, estudian y critican para aprender de ellos y citarlos en temas concretos. Hay otros, que sin excluir esto, los llevamos dentro, incorporados. Autores que ya no se citan demasiado, porque en realidad ya forman parte de nuestro pensamiento" (Selecciones de Teología, n. 196, p. 280).
Eso se atina muy exactamente a mí. Por eso, lo que quiero hacer ahora, no es presentar algún aspecto de su teología o discutir algún problema, sino sencillamente, dar un testimonio muy sencillo de cómo yo veo su visión teológica. (Por eso, me permito escribir sin referencias y citas de sus escritos, también por que no tengo ahora aquí toda la documentación que sería necesaria)
Me parece que su teología tiene un punto de partida muy claro, que él mismo ha explicado y que es al mismo tiempo el criterio fundamental de lectura e interpretación de todos los otros aspectos de la fe, es decir, la paternidad de Dios, así como la revela Jesús en el Evangelio.
Por cierto, todos los teólogos cristianos están de acuerdo en la afirmación de la paternidad de Dios, pero no todos son así coherentes y consecuentes en leer todas las otras verdades a la luz de esta. Para muchos, esa paternidad es una de las cualificaciones de Dios...
Otro principio fundamental de Andrés Torres Queiruga es el de la autonomía de lo creado. Una comprensión más exacta de la creación, una aceptación cordial de las exigencias críticas que salen ya desde el tiempo de la Ilustración, una sensibilidad abierta a las voces de la modernidad, sea por las preguntas de los creyentes sea también por las críticas de los no creyentes... han hecho que Andrés Torres Queiruga tomara con seriedad este principio de la autonomía.
Dios está siempre creando, y no hace falta que intervenga de vez en cuando, con acciones puntuales y correctivas, en la trama de la causalidad mundana. Él actúa en y a través de las causas mundanas y nunca substituyéndose a ellas.
La combinación de estos dos principios me parece que explica toda su teología. Dios está máximamente íntimo a cada criatura, pero máximamente respetuoso de su naturaleza y, en el caso del hombre, de su libertad; Él no interfiere para resolver los problemas del hombre, pero siempre está a su lado, empujándole para superarlos, iluminándolo y fortaleciéndolo con Su amor. Él es la fuente de esa autonomía y libertad y nunca está en competición con el hombre.
Cuanto más grande es la apertura a la acción de Dios, más grande es la dependencia de Él y más grande la autonomía y libertad humana. Así que Dios es presencia, pero no invasión; es respeto, pero no distancia.
El Dios de Jesús no se busca a sí mismo, sino que está volcado completamente hacia la creatura. Él no crea para sí mismo, sino por el bien de la creatura: la creación es acto de amor, de efusión de una bondad que quiere sólo ser comunicada. ¡Él es el único que todo lo hace gratis!
Y no es ambiguo, es decir fuente de bien y amenaza de mal, fuerza libertadora y poder de muerte... Es cómo el sol que no puede sino iluminar y calentar: Es positividad pura. "En Él no hay sombra" comenta Juan (1Juan 1,5).
Así, todo es divino, pero orientado al pleno desarrollo y cumplimiento de lo humano. En eso se manifiesta su verdadero Ser que es El Amar.
Además de estos dos principios, me parece que Andrés Torres Queiruga tiene algunas características en su escribir, que lo hacen único en el panorama de la teología actual. Me parece que son estas:
1.Una clara conciencia de la complejidad de las cuestiones. Cual que sea su posición, nunca esa es tomada con superficialidad, sino con la precaución que viene desde la conciencia de la complejidad de los problemas. Y su conocimiento es proporcional a esa conciencia. Su bibliografía y documentación son impresionantes. Y no están hechas de citas o autores que no conoce, sino que son bien examinados y presentados con honestidad, sobre todo cuando Andrés no los sigue en su opinión.
2.Andrés Torres Queiruga tiene una visión comprehensiva de esta complejidad, como si tuviera una mirada desde lo alto: ancha y clara. Y no estática. Así que él puede examinar el punto de partida de una problemática, cómo se ha desarrollado la discusión y cómo se ha llegado a las posiciones actuales. El cuadro así, complejo y completo está dibujado ante los ojos del lector.
3.Impresiona también, a partir de ese cuadro, cómo Andrés Torres Queiruga proceda con un camino que es al mismo tiempo, progresivo, riguroso, calmo y seguro. Estamos conducidos, un paso después del otro, la mano en la mano, hacia la conclusión del proceso. Al final, casi uno no se da cuenta del camino hecho: tan natural ha sido ese proceso.
4.Y, siempre con una gran claridad. El pensamiento está expresado con palabras exactas y no difíciles, períodos densos pero no tortuosos... De veras es como él dice de Sócrates que no inventa su verdad sino que, como une buena partera, ayuda a cada uno a descubrirla y traerla desde si mismo.
Estoy convencido de que Andrés Torres Queiruga es uno de los más grandes teólogos de habla española y de nuestro tiempo, y si ahora él tiene un seguimiento que parece tan sólo discreto, es porque está trazando las líneas de la teología del futuro.
"Me identifico con la teología de Andrés Torres Queiruga" :: Mundo :: Religión Digital
oy un misionero Javeriano que está trabajando en Yakarta (Indonesia) desde donde ahora escribo. Después de mi Ordenación Sacerdotal he enseñado Teología en el Seminario Mayor de los Javerianos en Parma (Italia), durante 8 años. Después de 7 años de labor en Indonesia, he sido llamado a Roma donde he servido como Consejero (6 años) y después Superior General (durante 12 años). Y ahora son ya 7 años los que tengo la alegría de estar trabajando de nuevo en Indonesia.
He descubierto por casualidad la teología de Andrés Torres Queiruga leyendo un artículo suyo en "Selecciones de Teología" en el 2002. El original estaba, parecía, traducido del portugués y así pedí al P. Adolfo Zon SX que había trabajado en Brasil y se encontraba conmigo en la misma comunidad, si por acaso conocía a un Autor Brasileño con el nombre de Torres Queiruga. "Mas ¡qué dices! - me ha contestado. ¡Es gallego, de mi tierra!" Y comprendí mi error: había confundido el gallego con el portugués.
Con la maravilla de esta equivocación he tenido mi primer encuentro con la teología de Torres Queiruga. Y después, he seguido leyendo todas sus obras y los artículos que iban apareciendo. He visto que expresaban muy bien mi visión y la profundizaban, la desarrollaban, le daban forma clara y documentada...La mejor descripción de mi relación intelectual (y de mistad) con Andrés Torres Queiruga la ha hecho él mismo escribiendo sobre la teología de Schillebeeckx:
"Hay autores que se leen, estudian y critican para aprender de ellos y citarlos en temas concretos. Hay otros, que sin excluir esto, los llevamos dentro, incorporados. Autores que ya no se citan demasiado, porque en realidad ya forman parte de nuestro pensamiento" (Selecciones de Teología, n. 196, p. 280).
Eso se atina muy exactamente a mí. Por eso, lo que quiero hacer ahora, no es presentar algún aspecto de su teología o discutir algún problema, sino sencillamente, dar un testimonio muy sencillo de cómo yo veo su visión teológica. (Por eso, me permito escribir sin referencias y citas de sus escritos, también por que no tengo ahora aquí toda la documentación que sería necesaria)
Me parece que su teología tiene un punto de partida muy claro, que él mismo ha explicado y que es al mismo tiempo el criterio fundamental de lectura e interpretación de todos los otros aspectos de la fe, es decir, la paternidad de Dios, así como la revela Jesús en el Evangelio.
Por cierto, todos los teólogos cristianos están de acuerdo en la afirmación de la paternidad de Dios, pero no todos son así coherentes y consecuentes en leer todas las otras verdades a la luz de esta. Para muchos, esa paternidad es una de las cualificaciones de Dios...
Otro principio fundamental de Andrés Torres Queiruga es el de la autonomía de lo creado. Una comprensión más exacta de la creación, una aceptación cordial de las exigencias críticas que salen ya desde el tiempo de la Ilustración, una sensibilidad abierta a las voces de la modernidad, sea por las preguntas de los creyentes sea también por las críticas de los no creyentes... han hecho que Andrés Torres Queiruga tomara con seriedad este principio de la autonomía.
Dios está siempre creando, y no hace falta que intervenga de vez en cuando, con acciones puntuales y correctivas, en la trama de la causalidad mundana. Él actúa en y a través de las causas mundanas y nunca substituyéndose a ellas.
La combinación de estos dos principios me parece que explica toda su teología. Dios está máximamente íntimo a cada criatura, pero máximamente respetuoso de su naturaleza y, en el caso del hombre, de su libertad; Él no interfiere para resolver los problemas del hombre, pero siempre está a su lado, empujándole para superarlos, iluminándolo y fortaleciéndolo con Su amor. Él es la fuente de esa autonomía y libertad y nunca está en competición con el hombre.
Cuanto más grande es la apertura a la acción de Dios, más grande es la dependencia de Él y más grande la autonomía y libertad humana. Así que Dios es presencia, pero no invasión; es respeto, pero no distancia.
El Dios de Jesús no se busca a sí mismo, sino que está volcado completamente hacia la creatura. Él no crea para sí mismo, sino por el bien de la creatura: la creación es acto de amor, de efusión de una bondad que quiere sólo ser comunicada. ¡Él es el único que todo lo hace gratis!
Y no es ambiguo, es decir fuente de bien y amenaza de mal, fuerza libertadora y poder de muerte... Es cómo el sol que no puede sino iluminar y calentar: Es positividad pura. "En Él no hay sombra" comenta Juan (1Juan 1,5).
Así, todo es divino, pero orientado al pleno desarrollo y cumplimiento de lo humano. En eso se manifiesta su verdadero Ser que es El Amar.
Además de estos dos principios, me parece que Andrés Torres Queiruga tiene algunas características en su escribir, que lo hacen único en el panorama de la teología actual. Me parece que son estas:
1.Una clara conciencia de la complejidad de las cuestiones. Cual que sea su posición, nunca esa es tomada con superficialidad, sino con la precaución que viene desde la conciencia de la complejidad de los problemas. Y su conocimiento es proporcional a esa conciencia. Su bibliografía y documentación son impresionantes. Y no están hechas de citas o autores que no conoce, sino que son bien examinados y presentados con honestidad, sobre todo cuando Andrés no los sigue en su opinión.
2.Andrés Torres Queiruga tiene una visión comprehensiva de esta complejidad, como si tuviera una mirada desde lo alto: ancha y clara. Y no estática. Así que él puede examinar el punto de partida de una problemática, cómo se ha desarrollado la discusión y cómo se ha llegado a las posiciones actuales. El cuadro así, complejo y completo está dibujado ante los ojos del lector.
3.Impresiona también, a partir de ese cuadro, cómo Andrés Torres Queiruga proceda con un camino que es al mismo tiempo, progresivo, riguroso, calmo y seguro. Estamos conducidos, un paso después del otro, la mano en la mano, hacia la conclusión del proceso. Al final, casi uno no se da cuenta del camino hecho: tan natural ha sido ese proceso.
4.Y, siempre con una gran claridad. El pensamiento está expresado con palabras exactas y no difíciles, períodos densos pero no tortuosos... De veras es como él dice de Sócrates que no inventa su verdad sino que, como une buena partera, ayuda a cada uno a descubrirla y traerla desde si mismo.
Estoy convencido de que Andrés Torres Queiruga es uno de los más grandes teólogos de habla española y de nuestro tiempo, y si ahora él tiene un seguimiento que parece tan sólo discreto, es porque está trazando las líneas de la teología del futuro.
jueves, 25 de noviembre de 2010
Jesuit Commons: Higher Education at the Margins
This seems to be one of the greatest projects fron Regis University...
Congrats to all the people who made this possible!
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02 El profesor hacia el modelo ignaciano
Comparto la segunda presentación que trabajamos el día de hoy: Antropología/epistemología. Nos vemos el jueves 16 de diciembre!!!!
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